Twist and shot

18 marzo 2020

Madrid

La ciudad despertaba, pero algo raro sucedía. En realidad amanecía y sin embargo, la pesadilla no quedaba atrás, sino que estaba ahí, más presente que nunca. Y daba miedo.

En el sueño nocturno la ciudad volvía a estar repleta de gente, sus calles acogían, como siempre habían hecho, a viandantes, músicos ambulantes, trabajadores que caminaban a toda prisa hacia alguna parte, jóvenes que iban sin rumbo, abiertos a lo que pudiera acontecer, mayores que paseaban disfrutando de cada bocanada de aire.

Sus bares, sus restaurantes, sus museos, sus teatros, sus jardines y sus tiendas son puertas abiertas a todo el mundo. El sonido de la ciudad es inconfundible, voces divertidas, otras alteradas, autobuses, coches, música que escapa de un local de copas, una sirena de policía, pero siempre transmitiendo vida.

Más allá de tu casa, de las cuatro paredes que estos días miserables nos proporcionan refugio, la ciudad es una casa aún mayor, un espacio común al que pertenecemos, que nos acoge siempre, que sufre y se alegra con las penas y la felicidad de sus habitantes. Y que hoy, al despertar, llora de tristeza y de impotencia. Es una impotencia serena, que se percibe simplemente al abrir la ventana. Gris, expectante, y con un silencio ensordecedor que lo inunda todo.

Esta es una carta de amor a Madrid, a mi ciudad, que de nuevo sufre un embate brutal, injusto e inesperado que está trastocándonos a todos.

Volveremos a salir a sus calles, a recorrerla de arriba abajo. Y ella estará ahí, ofreciéndonos su calor, su espacio, devolviéndonos, una vez más, la vida.

Foto: María Teneva


Etiquetas: , , , , ,

1 comentarioEnviado por: Sandra Sánchez

19 febrero 2020

Noches de invierno

Es posible que suene raro, pero las noches de verano pueden ser frías y en cambio, las de invierno, a veces nos sorprenden por su calor abrasador. Paula tiene esto clarísimo; sin ir más lejos lo comprobó ayer, cuando conducía su coche y le sorprendió una nevada.

El primer pensamiento fue para la blancura y la belleza de la nieve, la aparente simplicidad de los copos inmaculados, cayendo levemente sobre el asfalto. Después, cuando empezó a cuajar, le asaltó el miedo; al principio era discreto, una leve desazón de la que fue consciente y que quiso quitarse de encima. A continuación se convirtió en un temor más intenso. Iba sola conduciendo por una carretera desconocida, su destino aún quedaba lejos y tampoco era tan buena al volante, no tenía más que unos meses de experiencia. Quizá se había arriesgado demasiado con aquel viaje.

Tomó la primera salida que encontró que indicaba un área de servicio. Su gozo en un pozo, porque el bar-restaurante en el que desembocaba estaba cerrado a cal y canto, al igual que la pequeña gasolinera que había en frente de él.

Armándose de valor, echó un vistazo al salpicadero y comprobó que el combustible no era un problema, así que respiró profundamente, subió la calefacción del coche y puso la radio. Moviendo el dial de arriba abajo encontró una emisora local; informaba del temporal que había pillado a toda la zona por sorpresa y que amenazaba con encrudecerse esa misma noche. Paula cambió de nuevo el dial, pues no quería asustarse más de lo necesario, y encontró una canción que le recordó a su infancia. “Aquí se queda”, pensó, y trató de disfrutar del momento, de convertir una situación inquietante en otra agradable y personal, en un refugio, algo que la música es capaz de conseguir al instante.

Tras aquel tema surgió la voz del locutor. Le resultó ligeramente familiar, aunque estaba segura de que jamás había sintonizado ese programa. Aquel hombre empezó a presentar canciones que significaban algo para ella, que podía asociar a momentos felices que llevaban años escondidos en su memoria. ¿Se trataba de una mera coincidencia? Lo cierto es que tres temas después Paula se sentía mucho mejor que unos minutos atrás, a pesar de que el pronóstico de la nevada se iba cumpliendo a rajatabla y ya apenas podía ver a través del parabrisas.

La siguiente canción fue definitiva. Al escuchar sus primeros acordes reconoció la voz del locutor y una bomba atómica estalló en su pecho. Aquellas canciones pertenecían a los dos, a la historia que tenían en común, la que vivieron muchos años atrás. Ella las había olvidado, pero él no y dedicaba su programa nocturno a emitirlas una y otra vez, por si algún día, por improbable que fuera, Paula pasaba por allí y las encontraba.

Fue una temeridad, pero nadie circulaba en aquella carretera y Paula paró en el arcén. Sacó su móvil del bolso y buscó la dirección de la emisora. Quedaba a unos 20 kilómetros de donde se encontraba. Puso en marcha el GPS y se dirigió hacia allí. Y comprobó que sí, las noches de invierno son, a veces, las más cálidas y felices de todas.

Foto: Greg Razoky


Etiquetas: , , , , , , , ,

5 ComentariosEnviado por: Sandra Sánchez

13 febrero 2020

¡7 años!

– ¡Venga, lánzalo ya!
– Voy, voy… Hecho, está publicado.

Y así empezaba hace hoy siete años, a eso de las 20 h, una aventura que en una primera etapa fue cosa de dos y pocos meses después solo mía. A lo largo de este tiempo he volcado en este blog un montón de inquietudes, de pensamientos, de reflexiones y de ideas locas en forma de historias; de relatos a veces más ficcionados y a veces menos, pero que siempre tenían que ver con lo que pasaba por mi cabeza o por el momento que vivía.

Recuerdo que Twist and shot echó a rodar un 13 de febrero un poco por llevar la contraria, para no salir el día de San Valentín, tan manido, y también para rendir un homenaje al 13, ese número para muchos de mala suerte, como una forma de inocente rebeldía. Me acuerdo también de que en esa fecha escribí a un montón de gente y de medios para pedirles que se hicieran eco del blog, con toda la falta de vergüenza que da la ilusión por un nuevo proyecto. Y salí en la radio, fue la primera vez que me hicieron una entrevista (la he buscado, pero la emisora ya no está en activo y no doy con el podcast). Unos meses después me escribieron de Radio 3 para contarme que les gustaría leer y emitir uno de los relatos, ¡qué ilusión ese momento nocturno! Ese documento sí está aún disponible.

Pero eso fue el principio, después vinieron un montón de cosas más, entre ellas la publicación de mi primer libro, ‘Preferiblemente vivas‘, cuya idea se gestó aquí, en este blog, animada por los lectores, vosotros, de los que siempre me han llegado mensajes positivos. Ya a finales de 2016 llegó el segundo, ‘Los lugares rotos‘, y con él otro paso más en este camino que se va haciendo poco a poco y que está lleno de sorpresas que espero y estoy segura de que continuarán.

Hoy quería sobre todo recordar con vosotros estos siete años, brindar por ellos, y agradeceros enormemente la compañía. Sin ella, habría sido imposible. El faro está siempre encendido. ¡Gracias y seguimos!

Foto: Will Wilson


Etiquetas: , , , , , , , , ,

7 ComentariosEnviado por: Sandra Sánchez

Post Anterior Siguiente Post