Twist and shot » Una mañana o una eternidad

7 mayo 2021

Una mañana o una eternidad

Antes de abrir los ojos ya percibió un aroma que le hizo sentir bien. Las flores de los árboles de la primavera habían estallado definitivamente y el paisaje había cambiado de la noche a la mañana.

Sira se puso en pie, contempló sin ninguna prisa el espectáculo natural que le rodeaba. No solo eran los árboles en flor, también era el trino de los pájaros, el azul intenso del cielo, completamente despejado, que inundaba sus retinas por completo y casi, paradójicamente, la cegaban.

Nada malo podía pasar en aquel lugar, de eso estaba segura. Comenzó a andar despacio, tomándose su tiempo, deleitándose en cada visión, cada sonido, cada aroma. El murmullo de un río iba haciéndose cada vez más evidente y hacia él se dirigió. El agua corría clara y fresca, cantarina. Sira se mojó las manos primero, después la cara y tampoco pudo resistirse a descalzarse y meter los pies en el río. El primer impacto dio paso en seguida a una sensación de alivio placentero. Qué relax, qué descanso tan inmenso.

Le gustaba tener la capacidad de ser consciente de los momentos de felicidad y se recreaba en ellos. Este era uno de los más potentes que había vivido últimamente, donde la tónica habitual había sido el ruido y la oscuridad.

Alzó la vista del agua y una sombra en movimiento llamó su atención. Se fijó un poco más y descubrió que se trataba de un ciervo. La miraba analizándola, o eso le pareció a Sira. Como tratando de dilucidar si se encontraba ante una amiga o no. Ella sonrió y se quedó inmóvl. El ciervo, tras pensárselo un poco más, se acercó despacio hasta la orilla, bebió y tras lanzar una mirada a Sira, dio media vuelta y desapareció de su vista en cuestión de segundos. Parecía feliz. Ella, desde luego, lo estaba.

A lo lejos, otro sonido, esta vez más estridente. Frunciendo el ceño, intentó identificar de qué se trataba. No tardó mucho en averiguarlo. Sin duda eran máquinas para talar árboles, motosierras feroces, más de una y de dos, un buen puñado de ellas haciendo su trabajo sin piedad.

Ese sonido le sacó de su estado. Volvió a abrir los ojos y ahora se encontraba en su cama, ya había amanecido y el despertador estaba a punto de sonar. En la calle, las obras del ayuntamiento seguían su curso y las taladradoras volvían a estar a pleno rendimiento en su guerra contra el asfalto.

Miró el móvil. Sesenta llamadas y mensajes. Todos ellos perdidos. Y así seguirían.

Foto: Eugene Zhyvchik


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2 Comentarios

  • 1. Liguero  |  10 mayo 2021 - 09:35

    Tu blog es super creativo y tienes unas ideas muy orginales!

  • 2. Payal Sharma  |  20 mayo 2021 - 22:31

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