Twist and shot » En espera

26 abril 2021

En espera

Aquella mañana se levantó temprano, se dio una ducha rápida, estimulante, que le dio la energía necesaria para encarar el lunes con la mejor actitud.

Se vistió de forma desenfadada, cómoda pero con un toque de estilo. Estar en casa no iba a suponer que se relajara en este sentido más de la cuenta. Desayunó a capricho. Que si zumo de naranja, que si tostada con aguacate, café solo… De lujo, así le sentó.

Estaba contenta y ya lista, se colocó frente a su mesa de trabajo, teléfono y ordenador en mano, dispuesta a hacer las tareas burocráticas que tenía pendientes y a quitárselas de encima cuanto antes para dedicarse a asuntos más importantes. Buscó en su agenda el número de teléfono al que tenía que llamar y lo marcó en el móvil. Saltó directamente un contestador automático: «Bienvenido, en estos momentos nuestras líneas están ocupadas, estamos atendiendo otras llamadas. Manténgase a la espera, por favor». Vaya, no era un buen comienzo. Pero no significaba nada, siguió intentándolo.

Era de esas personas que no pueden pasar a la siguiente cosa sin haber finiquitado correctamente la anterior. Con lo cual, a la tercera vez que realizó la misma llamada con idéntico resultado, empezó a inquietarse.

Se revolvió en su asiento, se levantó, fue a la cocina y se preparó un segundo café, esta vez con leche. Volvió a marcar y después de pasar 4 minutos y 55 segundos de espera, sonó el tono de llamada. Guau, ahora sí había logrado conectar, un ser humano al otro lado de la línea le saludaría en cualquier momento.

No fue así. Tras ocho tonos sin respuesta, se cortó la llamada.

Se quedó mirando el móvil, perpleja. La mañana avanzaba y ella no solo no podía realizar su gestión, sino que no podía hacer nada más y las horas seguían corriendo y corriendo, ajenas a sus circunstancias.

No era posible presentarse en el lugar físico de las oficinas en las que tenía que poner en orden sus asuntos, solo atendían con cita previa y la cita previa solo la facilitaban por teléfono, ese al que estaba llamando.

Se fue a dar un paseo para despejarse, con el móvil a cuestas por si conseguía contactar en la calle. Volvió a casa, se preparó la comida, realizó dos o tres intentos más. Estaba realmente agobiada. El almuerzo le sentó peor que mal, como no podía ser de otra forma.

Tanto trabajo por hacer y sin poder ponerse a ello. Fregó los platos, puso la lavadora, planchó… Cada vez se sentía más y más nerviosa, porque había hecho más de 20 llamadas y el resultado siempre era el mismo: nulo. Empezó a desvariar. ¿Y si alguien se estaba riendo de ella? ¿Y si se había acabado el mundo y era la única superviviente? ¿Por qué no conseguía hablar con nadie? Y la última, ¿se estaba volviendo loca?

Al final de la tarde hizo un último intento, ya por pura inercia. Se sentía sola, desesperada y se movía por la casa como ausente, totalmente alienada. Tras los 4 minutos y 55 segundos de espera, sonó el tono de llamada y esta vez se escuchó al otro lado del teléfono: «Buenas tardes, ¿en qué puedo atenderle?» Ella, sorprendida, se quedó mirando al móvil y, sin entender qué estaba pasando ni por qué había llamado a aquel sitio, colgó.

Foto: Reid Naaykens


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