Twist and shot » Javier y Sara

3 diciembre 2020

Javier y Sara

En una larga e interesante conversación, el escritor Luisgé Martín, me contaba esta mañana que la pasión es solamente lo que sucede en una etapa del amor. Exactamente al principio del mismo. No hay, según él, distintos tipos de amor de pareja, sino uno solo cuya forma va cambiando con el paso del tiempo.

Cuando nos aventuramos en este camino tortuoso y lleno de sorpresas que es la vida, tan distinto para unos y para otros, no tenemos ni idea de cómo será, pero probablemente, en lo esencial, todos esperemos lo mismo. Amar y ser amados, alcanzar la felicidad, si es posible en pareja.

A partir de aquí, el azar se convierte en protagonista principal de nuestra película particular y, nada, que la suerte nos acompañe, porque poco más se puede hacer.

Cuando Javier conoció a Sara, ambos vivían realidades muy diferentes. Él había terminado su carrera de ingeniería y se debatía entre aceptar un puesto de trabajo en Madrid y echar raíces, o probar suerte en el extranjero, donde ya tenía varias propuestas laborales de salario mucho más jugoso. Dedicaba la mayor parte de su tiempo a pensar qué hacer. Tenía listas escritas y mentales que iba elaborando con pros y contras de ambas opciones; era una decisión demasiado trascendental como para tomárselo a la ligera.

Una mañana iba caminando por el centro de la ciudad y echando a la vez un ojo a una de esas listas que guardaba en las notas del móvil. Llevaba los auriculares puestos, Xoel López acababa de publicar nuevo disco y su música siempre conseguía relajarlo, hacerle sentir mejor. No vio ni escuchó a la ambulancia que avanzaba veloz por la calle en dirección a él, que comenzaba a cruzar un paso de peatones. Por suerte, el vehículo frenó justo a tiempo y nada ocurrió, más allá del susto de Javier, que se prometió a sí mismo en ese instante no volver a escuchar jamás música por la calle.

Bueno, en realidad sí sucedió algo más, y ese algo fue alguien, Sara. Bajó de la ambulancia con un enfado considerable y no tuvo miramientos con Javier. ¿En qué estaba pensando, no miraba por dónde andaba? ¿Acaso no sabía que una ambulancia con la sirena puesta tiene una urgencia que atender? No dijo nada más y volvió a subir a ella a toda velocidad para emprender su camino. Ya le habían retrasado bastante. Javier solo alcanzó a preguntar adónde se dirigía y ella le indicó el nombre de un hospital.

A la mañana siguiente, a primera hora, Javier estaba en la puerta de Urgencias preguntando por aquella sanitaria cuyo nombre no conocía y cuya cara, entre mascarilla y gafas, casi tampoco. No supieron darle señas de ella. Pero al siguiente día volvió y al otro y al otro… Y un mediodía de invierno, el primero en el que hizo frío de verdad, la vio bajarse de la ambulancia y echó a andar hacia ella. Ya no era tan importante decidir si irse del país o quedarse, eso ahora había pasado a un segundo plano. Lo único que sabía con certeza es que para él y esperaba que también para ella, había empezado la etapa número uno del amor, la pasión.


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