Twist and shot » El sueño de Alicia

12 noviembre 2020

El sueño de Alicia

En el sueño todo tenía sentido. Alicia aparecía recién levantada, guapa y radiante. Después de darse una ducha su aspecto era aún mejor, más favorecedor. El pelo largo y sedoso, brillante, a juego con su jersey de punto gordo, una delicia acariciarlo y arroparse con él.

Salía a caminar por una calle en la que lucía el sol. La temperatura era agradable, no hacía falta abrigo, por lo que lo llevaba en el brazo mientras andaba. A su paso, el aroma de la cafetería del barrio entraba en su pituitaria y la mezcla del olor a café de calidad junto al de los cruasanes recién salidos del horno le hicieron pararse un segundo. Sí, entró a comprar uno de cada y se los fue tomando, saboreándolos al máximo, sin dejar de pasear.

Se cruzó con un par de vecinos, a los que saludó levantando el vaso de papel de su café, y con una amiga que llevaba sin ver algún tiempo. Se abrazaron, charlaron animadas y prometieron llamarse pronto para verse con más calma y ponerse al día de todo. Alicia continuó su camino y paró frente a un escaparate. Siempre había sido una enamorada de los zapatos, obsesionada con ellos, quizá, pero no podía resistirse. Aquellos botines de nueva temporada eran preciosos… pero también esas botas altas negras… y esos mocasines burdeos, que además tenían pinta de ser súper cómodos… De acuerdo, esperaría a las rebajas, pero por ahora ya había disfrutado haciendo sus ‘fichajes’.

La librería del barrio acababa de abrir, siempre eran los últimos en hacerlo, no levantaban la persiana hasta casi el mediodía. Pero allí estaban todos sus libros expuestos. Novedades y clásicos, era tan difícil pasar de largo… que no lo hizo y entró. Las estanterías de una librería son el mejor sitio en el que perderse. El otro día vio en la tele la película La librería, de Isabel Coixet, una maravilla que ya disfrutó en cines cuando se estrenó. En el debate posterior a su emisión, la directora contaba cómo había querido homenajear con su filme a las librerías, porque en todas ellas te sientes como en tu casa. Si estás de viaje en Tokio, en Hanoi o en Montevideo, todo te parece extraño y no conoces a nadie, entra en una librería. La sensación de paz será instantánea.

Tras hojear varios libros reparó en un tomo bastante grueso, tapa dura, portada azul intenso. Le llamaba insistentemente, de un modo tan acusado que parecía irreal, como mágico. Alicia no podía hacer otra cosa que no fuera coger ese libro. Así lo hizo y al abrir sus páginas azules se zambulló en él y despertó de su sueño en medio del mar.

Foto: Bradley Dunn


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