Twist and shot » Pequeñas aventuras sin importancia

23 octubre 2020

Pequeñas aventuras sin importancia

– Ve el mundo. Es más fantástico que cualquier sueño.

La cita es de Ray Bradbury, maestro de la ciencia ficción, de la distopía, experto en imaginar universos posibles e imposibles. Y Alicia piensa en esa frase cada mañana al salir de la cama y ser consciente de que tiene que ponerse en marcha, sí, pero solo hasta la boca de Metro cercana a su casa, para ir cada mañana al trabajo, en la otra punta de la ciudad.

En el año más terrible de todos los vividos hasta ahora (le da miedo ese ‘hasta ahora’) su rutina, como la de sus compañeros de oficina, se ha ido volviendo cada vez más y más metódica, dejando poco espacio a la improvisación y ninguno a la libertad.

Tiene necesidad auténtica de soñar, pero no como lo hace cada noche, cuando su mente trata de descansar, ponerse en orden y resetearse desplegando las historias más complejas, sino en la vida real. Quiere hacer planes, aunque nunca se puedan cumplir. Desea creer que al menos existe una posibilidad, mínima, pero posibilidad, de que lleguen a pasar. Estos planes van desde encontrar un trabajo que le guste y se adapte a sus necesidades, hasta viajar por todo el mundo sin preocuparse por nada, sintiéndose segura, libre y feliz.

El otoño puede ser una estación melancólica, pero también es estéticamente muy bonita. Aún no hace demasiado frío, es probable que la lluvia sorprenda en cualquier momento, con su agua purificadora y la naturaleza comienza su ocaso despidiéndose a lo grande, con un festival de colores ocres que visten los árboles, los montes y los campos de una particular belleza.

Mientras se distrae en estos pensamientos, el reloj corre y Alicia llega tarde al trabajo. Sale del transporte público, sube las escaleras del Metro a toda mecha y al llegar a la calle está agotada. Falta deporte también en estos meses, es un hecho. Para en una cafetería y alejada de los escasos clientes pide al camarero un café solo para llevar. Dos sobres de azúcar, por favor. De perdidos al río. Se ríe de si misma al darse cuenta de que ha dicho esto último en voz alta y piensa que ese podría ser su acto revolucionario del día, pasarse con el dulce. De hecho, se le ocurre algo brillante, así lo considera ella. Cada día, desde hoy mismo, hará algo inesperado, un detalle quizá pequeño y aparentemente sin importancia, pero que para ella será crucial, porque le hará sentirse viva. Un cambio de ruta, una llamada a desmano, una comida con un ingrediente jamás probado… Lo que sea, todo sumará.

Y así, está segura, podrá aguantar el tiempo que quede hasta que volvamos a ser lo que éramos, hasta que nuestra capacidad de decisión sea total. Entonces sí, se subirá a un coche grande y robusto y emprenderá un gran viaje por carretera. Verá lugares inexplorados por ella, descubrirá gentes y paisajes y respirará aires nuevos. Porque la vida tiene que ser una aventura, si no, se habrá quedado en nada.

Foto: Tamara Menzi


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1 comentario

  • 1. Carmen Santodomingo  |  24 octubre 2020 - 00:25

    Me encantó y fue super oportuno leerlo, exactamente así me siento. Muy lindo y muy bueno. Esperanzador, necesario en estos momentos. Gracias…

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