Twist and shot » Las películas que vivimos peligrosamente

21 julio 2020

Las películas que vivimos peligrosamente

Me gustan las películas de terror. Bueno, para ser más precisa, me encantan las primeras escenas de las películas de terror. En ellas todo es paz, armonía y familias felices viviendo en pueblos tranquilos y amigables de Indiana o de Wisconsin. Los vecinos cortan el césped de sus jardines los domingos por la mañana, leen el periódico en el porche o preparan limonada en sus cocinas retro; y todo parece funcionar.

En estas películas los niños son siempre muy afortunados. Tienen un montón de amigos con los que salen en grupo a montar en bicicleta y a explorar el bosque que rodea el pueblo, porque siempre lo hay. Lo peor que le puede pasar a alguno de estos niños es que sus padres no tengan demasiado dinero, pero eso casi da igual, porque la comunidad se hace cargo y todo el mundo es igualmente querido y apoyado por el resto.

Me gustaría vivir en el inicio de esas películas. Hay niños gorditos, niños con gafas, niños con problemas dentales (pienso ahora en Stranger Things), pero nada que les impida ser felices, porque tienen a sus colegas cerca y eso es oro. Lo malo es cuando cae la noche y las cosas se empiezan a complicar a lo loco. O surge un árbol que cobra más vida de la deseable, o hace acto de presencia una pandilla de animales salvajes nunca antes visto por la zona, o llega en una furgoneta un visitante desconocido capaz de poner en jaque la vida de la gente de bien en cuestión de minutos.

Casi todas estas películas y series tienen algo en común, y es que están ambientadas en los años 80. Incluso muchas de las que se ruedan actualmente se trasladan a esa década para plantar allí sus personajes y su historia. Los protagonistas son niños de los 80 y yo, que lo fui, incluso de finales de los 70, me identifico cantidad con ellos. Los guionistas y los directores no son tontos y saben cómo utilizar la historia, la ambientación, el vestuario, los detalles que hacen que te sitúes de vuelta en tu infancia y que lo reconozcas todo.

Me pregunto también cómo verán la generación Z o los millennials este tipo de pelis. Supongo que es como si yo me pongo un maratón de series de los 60, época que no viví, pero que me puede hacer gracia conocer. Le falta, eso sí, ese punch, importantísimo, de pertenencia, de haber “formado parte”. Para mi generación, E.T. no es una película de culto, es la peli de mi infancia, como muchas otras, no todas infantiles, por supuesto. Pienso en Star Wars, en Tiburón, en Regreso al Futuro o incluso en Poltergeist. Qué maravilloso inicio, por cierto, y qué miedo se pasa después…

Hoy día yo sigo sin entender muy bien esto que está sucediendo en la realidad; y no soy capaz de aceptarlo. De convivir con el peligro a las puertas, de tener que pensar dos veces cada movimiento que hago o cada plan que surge y que no siempre se logra disfrutar del todo; al menos no como antes.

No entiendo que la gente se relaje hasta el punto de pasar de todo, no después de lo sucedido y de lo que sigue ocurriendo y de lo que probablemente vaya a suceder. Y estas personas me parecen ahora los malos de las películas; esos que impiden que la vida tranquila en Indiana o en Wisconsin siga siéndolo, los que fastidian porque sí a los buenos. Y lo peor es que no están al otro lado de la pantalla y no puedes ver el final de la peli. Al menos todavía no.

Foto: Amy Peryam


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