Twist and shot » Cruce de caminos

13 mayo 2020

Cruce de caminos

Dos trenes se cruzan en mitad de ninguna parte. Ambos van prácticamente vacíos para la cantidad de vagones que portan, las distancias de seguridad hacen que el mundo sea otro, no hay posibilidad, ni ganas, de ir con ningún desconocido al lado. Lo mínimo, a dos metros. Los pasajeros viajan en zigzag, un asiento libre a la izquierda en una fila y otro libre a la derecha en la fila de delante y en la de detrás. Y así sucesivamente.

Todos o casi todos extrañan a alguien a su lado, pero la mayoría ha aprendido a disimular, por lo que la vida parece más fría.

Los viajeros no se acercan a la cafetería, porque está cerrada. Únicamente hay una maquina expendedora de productos poco saludables, tipo cafés torrefactos de la peor calidad o sándwiches que nadie en su sano juicio comería a no ser que estuviera hambriento de verdad. Las bolsas de patatas fritas, los refrescos y las chocolatinas son los artículos más demandados, a mitad de viaje sus existencias van menguando hasta quedar en nada poco antes del destino.

Nadie habla a bordo de los trenes. Hay quien ha desplegado la mesita y ha colocado sobre ella su portátil para trabajar, el sonido de dedos golpeando teclas es el único que se oye. Puedes dedicarte a escucharlo atentamente y jugar a adivinar si la persona está de mejor o de peor humor según su forma de teclear. Con contundencia, a toda velocidad, o levemente, como pidiendo disculpas de antemano por molestar.

Algunos pasajeros llevan puestos auriculares conectados a sus móviles. Ninguno ve la película que ofrece la compañía en las pantallas que cuelgan del techo. Ni siquiera se molestaron en darle una oportunidad. Escuchar por megafonía el título fue suficiente para pasar a otra cosa. Prefieren ver series previamente elegidas y descargadas por ellos mismos, confiando en que no les fallarán.

Un par de personas leen. Ninguna libros de papel, sino electrónicos, ebooks los llaman. Imposible desde la distancia adivinar su portada, su grosor o su título. No hay forma más discreta que leer que en uno de estos artilugios. Pero deben de ser interesantes, pues sus propietarios no levantan la mirada de ellos y les hacen compañía durante todo el trayecto.

Al llegar a la estación de destino la gente continúa respetando la distancia de seguridad. Se ponen de pie y alcanzan sus pertenencias de los estantes superiores, pero permanecen en su sitio pacientemente hasta que es su turno de salir. Ya en el andén, cada uno camina a su ritmo y en pocos minutos no recordarán nada de ese viaje.

Solo dos personas seguirán pensando en él, en el trayecto. Los conductores de ambos trenes, emocionados por haberse encontrado hoy, siquiera un segundo fugaz, y deseando volver a hacerlo mañana, durante otro instante, en sentido contrario.

Foto: Egor Vikhrev


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1 comentario

  • 1. Jorge Marquez  |  14 mayo 2020 - 18:54

    Gran planteamiento. Tienes mucha razón.

    Saludos

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