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24 marzo 2020

Atardeceres

El confinamiento le había pillado en una lujosa casa de montaña. Aquello se parecía a una guerra, pensó inmediatamente. Esa idea en principio frívola le asaltó entonces, porque algunas décadas atrás su abuelo le contó cómo en la guerra civil muchos jóvenes se sumaron a un bando o a otro dependiendo de dónde se encontraban en el momento del alzamiento. No todo fue cuestión de ideas políticas, las circunstancias tuvieron mucho que ver para no pocas personas entonces. Ahora no se trataba de formar parte de un bando determinado, pero el azar también jugaba un papel en esta extraña guerra que vivimos.

Ella estaba pasando un fin de semana en una casa prestada, con unas vistas increíbles, todo tipo de comodidades, más que eso, de lujos, y allí decidió quedarse hasta que todo pasara. Confiaba, como casi todos al principio, que la cosa no se prolongaría más de dos semanas. Pero los acontecimientos nos arrollaron y ya sabíamos que el encierro se prolongaría. La incertidumbre acechaba y causaba miedo. Ella se sentía más o menos segura, ya que allí estaba bastante aislada, sin vecinos alrededor, sin nadie más que sus propios pensamientos, lo que por otro lado puede ser un arma de doble filo.

Cada mañana desayunaba temprano, se vestía con ropa cómoda y se disponía a leer. Sumergirse en las historias ficticias le ayudaban a alejarse de la realidad, cosa que quería a toda costa. Dejó de ver las noticias, abandonó por un tiempo las redes sociales. A pesar de estar en plena sierra, optó por no salir a pasear, ni a tomar el aire siquiera. Ventilaba a diario toda la casa, pero nada más. Afortunadamente la despensa y la nevera estaban repletas, con lo que el suministro alimenticio por ahora estaba resuelto.

Las tardes las dedicaba a escribir y a ver viejas películas de amor. Cuanto más antiguas, mejor, así conseguían transportarla a épocas que nada tenían que ver con la actual. La primavera acababa de empezar y los días iban siendo más largos. Al atardecer, cuando el sol comenzaba a caer, se daba un baño caliente frente al inmenso ventanal, se tomaba una copa de vino y enjugaba sus lágrimas al contemplar aquel milagro cotidiano.

La auténtica guerra se libraba lejos de aquella casa, pero ella, como todos nosotros, luchaba su batalla personal a diario, puesta de sol tras puerta de sol. Hasta que llegó el día en que pudo compartir con quien deseaba una de ellas; esa fue, sin duda, la más bella de todas.

Foto: Roberto Nickson


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3 Comentarios

  • 1. Sara  |  24 marzo 2020 - 19:08

    ¡Muy bueno! Cuídate

  • 2. BRILLIBRILLI  |  25 marzo 2020 - 01:31

    Jo, qué bueno. Gracias por sacarnos un poco del agobio de cada día.
    Un abrazo de brillibrilli (desde lejos) :*

  • 3. trendstendencia  |  25 marzo 2020 - 15:25

    Muy bonito!!! queréis conocer las últimas tendencias @trendstendencia

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