Twist and shot » El vuelo de Sara

28 enero 2020

El vuelo de Sara

La noche de la tormenta perfecta Sara subió al avión esperando nada. Todo lo que tenía, que no era gran cosa, al menos en su opinión, lo dejaba atrás sin sentimiento alguno. Ni de culpa, ni de desilusión o tristeza… Nada, no sentía nada.

El asiento que le había asignado la compañía era el 12 A. Detestaba ir en ventanilla, se sentía atrapada allí, con algún desconocido pegado a ella. Confió en que no se sentara nadie en el 12 B, pero nunca había sido muy buena en eso de confiar.

Una mujer de unos 80 años contando por lo bajo, acomodó sus posaderas mientras murmuraba lo vieja que estaba y acto seguido miró a Sara y le sonrió. Ella devolvió la sonrisa a medias y volvió la mirada hacia la ventanilla, mientras el avión se ponía en marcha y maniobraba por la pista.

El despegue fue movido, como era de esperar con la que estaba cayendo. En aquel momento, justo cuando las ruedas traseras se elevaron y dejaron atrás la tierra firme, Sara pensó qué demonios estaba haciendo allí y sobre todo si no habría sido más seguro que se hubieran cancelado todos los vuelos, especialmente el suyo.

La señora de al lado rezaba en susurros mientras el avión zozobraba en el aire y a Sara le apeteció tomar algo fuerte. Un whisky, quizá. Le sorprendió este pensamiento, ya que era abstemia. En todo caso, daba igual, el auxiliar de vuelo acababa de anunciar por megafonía que atravesaban una zona de fuertes turbulencias y que debían permanecer todos en sus asientos con el cinturón de seguridad abrochado. No iba a tomarse ese whisky, al menos no por ahora.

Los rezos de la vecina de asiento no parecían dar sus frutos, aquello se movía cada vez con más violencia y algunos pasajeros rompían el silencio tenso vomitando. Sara trató de no pensar en nada, mejor dicho, intentó trasladarse mentalmente a un momento relajado y feliz. Eso es lo que aconsejan los terapeutas en situaciones así, ¿no? Pues eso hizo, visualizarse en aquella montaña fabulosa, después de una mañana entera de escalada. Llegar a la cima fue duro y espectacular a la vez. Su cuerpo y su mente se sintieron libres como nunca. Y no la alcanzó sola, sino con él, lo que convertía la experiencia en insuperable.

Juntos todo era mejor. El poder de su compañía hacía que la felicidad de los buenos momentos se multipicara exponencialmente. Momentos malos no había, no hacían ni amago de aparecer en el horizonte, una fuerza invisible los vetaba, como si se encontraran en una burbuja de paz, protegidos frente a cualquier amenaza.

Sara tenía los ojos cerrados y sonreía mientras el resto del pasaje había perdido ya los nervios por completo. El avión se encontraba en caída libre y la señora que rezaba se agarró a su brazo con fuerza, desesperada. Pero ella no se enteró de nada.

Foto: Yoann Boyer


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2 Comentarios

  • 1. Beatriz  |  28 enero 2020 - 14:20

    Magnífico relato que, desgraciadamente, entiendo que no terminó bien. No se si “Sara” es una persona concreta o alguien en general describiendo una situación fatídica.
    Pero enhorabuena por la redacción, es muy bonita, aunque tenga final triste.

    Un blog muy muy interesante 🙂

    Besos desde Valencia

  • 2. Sandra Sánchez  |  6 febrero 2020 - 13:14

    ¡Muchas gracias, Beatriz! Besos de vuelta desde Madrid : )

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