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1 octubre 2019

¿Dónde está Marcela Fuentes?

El 1 de octubre de 2019 Marcela Fuentes abandonó su puesto de trabajo tras haber fichado a la entrada. Nadie la ha visto en todo el día. En la oficina hay constancia de su llegada, concretamente a las 8.52. La hora de entrada es a las 9.00 y ella siempre ha llevado a gala ser puntual. Los encargados de la limpieza la saludaron con un aséptico “buenos días”, mientras terminaban de recoger sus cepillos, balletas y demás y los guardaban en los respectivos armarios, junto al baño de empleados.

No se fijaron especialmente en ella, parecía un día más. Las cámaras de seguridad muestran a Marcela pasando su tarjeta por el torno sin sacarla del bolso, acercando este al lector. Iba vestida con un traje de chaqueta y llevaba un pañuelo aparentemente ligero al cuello. Padecía de la garganta, o al menos eso decía, y muchos compañeros creen que se trataba simplemente de una excusa para hablar lo menos posible.

El millennial que se sienta a su lado no dice nada. El jefe le ha preguntado si en los últimos días ella le ha comentado algo que justificara su ausencia, o si la había notado rara. “¿Rara?”, contestó con una sonrisa maliciosa, “es que ella ES rara”. Y volvió a fijar su mirada de búho en la pantalla para seguir los movimientos de la Bolsa en tiempo real.

Llega la hora del almuerzo y Marcela sigue sin aparecer. Hoy tiene que entregar un informe importante a primera hora de la tarde, por lo que la tensión va aumentando por momentos. Sus superiores se acercan nerviosos a su mesa y trastean entre sus papeles, mientras el compañero los mira de reojo; él es el único que está disfrutando de la situación.

Una de las recepcionistas aprecia mucho a Marcela. Lleva toda la jornada pensando qué le ha podido pasar, sin hallar respuesta alguna. La llama al móvil una y otra vez, pero está apagado o fuera de cobertura. Los whatsapp no le llegan. La falta de noticias resulta desesperante.

Va al baño y a la vuelta tiene un mensaje de su amiga. Marcela está sana y salva, ese es su primer pensamiento, y se alegra hasta el punto de lanzar un sonoro suspiro. Después se dispone a abrirlo. Le aconseja que deje su puesto y que salga del edificio lo antes posible. La policía está a punto de entrar y no va a ser agradable.

Harta de las falsedades que estaban llevándose a cabo desde su departamento, y que Marcela considera claramente delictivas, las ha denunciado todas. Llegó a primera hora a la oficina, descargó unos últimos documentos incriminatorios en un pen drive y salió por la puerta de atrás, que únicamente utiliza el personal de limpieza y donde no hay cámaras, porque las mentes pensantes de la empresa en su momento no lo consideraron necesario.

Marcela adjunta también una foto. Es del aeropuerto, no hay duda, está en la T4. Va a coger un avión y desaparecerá del mapa. Ha cambiado el traje de chaqueta por una sudadera y unos pantalones cómodos, y está escuchando música mientras espera a embarcar. No siente culpa ni remordimientos, ni siquiera rencor hacia el millennial con mirada de búho. Solo mira hacia adelante, al futuro, y eso significa volar.

Foto: VanveenJF


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