Twist and shot » El día comenzó incierto

12 septiembre 2019

El día comenzó incierto

El día comenzó incierto, como todos en realidad. Pero este parecía tener algo de especial y eso a Marga le inquietaba. Se dio una ducha rápida y solo probó el té humeante de su taza. Dio un bocado a su tostada, la dejó sobre el plato y se quedó unos segundos con la mirada fija en la rebanada, mutilada por su dentadura, que había dejado su huella perfecta sobre ella. Sintió la necesidad de salir a la calle y bajó las escaleras de dos en dos, hasta llegar al portal, donde casi no se percató de que Manuel, el portero, le saludaba.

Respondió con un hola al vuelo y al salir una bofetada de aire frío hizo que girara el rostro por un instante. Eran las 8.30 de la mañana y la ciudad bullía. Un hormiguero de coches trataba de llegar a sus destinos, al parecer sin éxito debido al trafico atroz. Hombres y mujeres trajeados caminaban a paso rápido en busca de la boca de Metro más cercana, los abuelos se subían el cuello de sus chaquetas y ponían rumbo al mercado o al bar de toda la vida.

De repente Marga frenó en seco. Se percató de que tenía frío. El verano estaba agonizando y las mañanas ya no eran como las de hace apenas unos días. Pero su frío no era solo exterior, también lo era interno, lo sentía en su espalda, recorriendo toda su columna vertebral. Se tapó la cara con sus manos durante unos instantes, al retirarlas respiró profundamente y trató de comprender qué estaba pasando. Lo hizo al instante y eso la dejó más helada aún. Empezaba septiembre, un nuevo curso no solo para los niños. Y todo el mundo tenía un sitio al que ir, un lugar, un horario, una rutina que seguir. Pero ella no. Había salido a la calle por pura inercia y ahora no sabía hacia dónde dirigir sus pasos.

¿Debía dar marcha atrás y volver a casa? ¿O continuar sin rumbo fijo dejando que sus pies decidieran por ella? Dudó mucho, estaba perdida. Finalmente optó por la segunda opción. Tenía la mente en blanco y comenzó a andar echando a cada rato la vista atrás. Caminó tanto que se alejó de la ciudad y hasta de la afueras de la misma; llegó sin ser consciente de ello a una vieja casa abandonada en medio del campo. Aquel lugar parecía estar esperándola. Hierbas de todo tipo crecían alrededor de la construcción de piedra hasta alturas insospechadas, tapando un pequeño camino de tierra que Marga sin embargo detectó. Lo siguió y llegó hasta una piscina, vacía y abandonada también. Se sentó en el bordillo y dejó que sus pies colgaran en la nada, el fondo quedaba aún bastante lejos como para tocarlo.

Mirando hacia él, imaginó cómo debía de haber sido aquello en otra época, años atrás. Visualizó una piscina en todo su esplendor, llena de agua transparente y brillante por la luz del sol, y gente feliz en ella, bañándose, refrescándose y disfrutando en veranos que no habrán olvidado. Y una casa rústica limpia y acogedora, con aquel porche en perfecto estado donde esas mismas personas verían caer la tarde y cenarían a la luz de las velas y del gran farol que colgaba sobre la puerta. Hoy el aspecto del lugar era bien distinto, pero Marga se dio cuenta de algo, no había perdido su fuerza, permanecía en pie con dignidad y en cualquier momento, con un poco de ganas que se le pusiera, volvería a quedar como nuevo.

Aquel paseo sin duda era lo que Marga necesitaba ese día. Volvió a casa tranquila y serena, ya tenía las cosas más claras y septiembre, en vez de volverse contra ella, le iba a ayudar.

Foto: Yoann Boyer


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1 comentario

  • 1. Emily  |  20 septiembre 2019 - 12:43

    Bonita canción, realmente como la melodía y la voz.

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