Twist and shot » Imperfecciones

31 enero 2019

Imperfecciones

“La belleza es algo subjetivo, cada día que pasa lo es más. No hay cánones generales, eso es cosa del pasado. Las mujeres orondas de Rubens, las lánguidas y de cuellos infinitos de los renacentistas italianos, se consideraban un modelo de belleza en su época. Hoy en día, a pesar de que distintas industrias de todo tipo, desde el cine a la publicidad, crean todavía saber qué es lo que nos gusta, el impacto de internet en general y de las redes sociales en particular han conseguido que esas ‘reglas impuestas’ salten por los aires. Vemos a diario un sinfín de imágenes, fotografías de personas en cualquier parte del mundo contándonos su vida o lo que les gustaría que fuera su vida y mostrándonos sus instantáneas más triviales o las más íntimas, en muchos casos sin pudor. Ante tal avalancha de imágenes, con tanta diversidad, ¿qué es lo bonito? ¿qué mujer es bella y qué mujer no lo es? El cerebro de repente se encuentra con que la variedad de patrones es tan inabarcable que nadie es capaz de decirnos exactamente qué nos tiene que gustar. Y eso es maravilloso”.

Ada leyó el último párrafo que había escrito, apartó la vista de la pantalla de su PC, se quitó las gafas y se frotó los ojos, cansados de pasarse el día fijos en una luz artificial. A veces no tenía del todo claro si aquel trabajo que había empezado sobre la belleza en los tiempos del Big Data tenía sentido o no, pero quería pensar que sí. Ella siempre se había visto a sí misma de dentro hacia fuera, no se había planteado, ni siquiera cuando era una adolescente, qué impresión causaba su aspecto en los demás. Frente al espejo veía una cara que sabía que era suya porque era siempre la misma y allí solo estaba ella, por lo que debía de serlo. Pero no iba más allá.

Sí sabía que ese rostro no combinaba del todo bien con los que veía en revistas y en anuncios de la televisión, por lo que pensaba que muy guapa no debía de ser. Sin embargo, algo tenía, porque lo cierto es que su presencia al entrar en cualquier sitio solía causar reacciones. Notaba las miradas sobre su rostro o su nuca, pero no sabía interpretarlas. Cuando se encontraba en una situación así recordaba aquella vez que vio a Vivian Gornick dar una conferencia en Madrid. La escritora contó cómo mientras que en el Nueva York de su juventud todas las chicas querían ser las más guapas de la fiesta ella prefería ser la más lista de la habitación. De la que fuera. Ese pensamiento fue para Ada como una bofetada, una revelación, porque vio en vivo y en directo cómo una mujer a la que ella admiraba decía en voz alta lo que ella sentía pero jamás había sido capaz de expresar, ni siquiera a sí misma, de esa forma tan clara.

Aquel día, al salir de esa charla y ver cómo Vivian, a sus ochenta y pico años, abandonaba la Casa Encendida siendo, una vez más, la más lista de la sala, decidió escribir su tesis (esa que tenía en dique seco antes de empezarla por no encontrar un tema convincente) sobre esta idea. Desde entonces hasta ahora ha hablado con todo tipo de personas para documentarse e ir armando su trabajo. Estilistas, psicólogos, sociólogos, expertos en comunicación e imagen, hasta en recursos humanos… Y hoy, un miércoles cualquiera, al apagar su ordenador y leer por simple placer un reportaje sobre escritoras rompedoras del siglo XX, se ha encontrado con una cita de Madeleine L´Engle, autora también neoyorkina, y también brillante, como Gornick. La frase exacta que ha llamado su atención es: “En el antiguo arte chino los grandes pintores siempre incluían un fallo deliberado en su trabajo: la creación humana no es perfecta”. Tras leerla, Ada ha cerrado la revista y se ha dirigido al espejo de su cuarto. Frente a él, se ha visto por primera vez a sí misma de fuera a dentro; se ha fijado en su flequillo, en su universo de pecas, en la intensidad de su mirada. Y ha pensado que estaba llena de imperfecciones. Pero se ha reconocido en todas. Y de repente está segura de que ellas son las que le han hecho ser la mujer que es. Y por eso ha descubierto que es por su personalidad, y no por su belleza, por lo que la gente se vuelve a mirarla cuando entra en cualquier habitación.

Foto: Azamat Zhanisov


Etiquetas: , , , , , , , ,

4 Comentarios

  • 1. Paula  |  1 febrero 2019 - 16:29

    Siempre que te leo me encanta lo que escribes.
    Yo también quiero ser la más lista de una sala y voy más allá…ojalá eduque a mis hijas para que también quieran ser las más listas del lugar donde se encuentren, porque esa es la belleza que importa. Nunca le había dado importancia al físico porque siempre me han interesado otras cosas, pero a medida que me hago mayor me doy cuenta o soy más consciente de que la edad y la maternidad son dos experiencias que lo han cambiado todo en mi y me he descubierto desbordada. Ha sido un camino difícil pero todo es necesario y por fin he vuelto a quererme en mis imperfecciones porque hay algo que me encanta y que se ha enriquecido, mi personalidad,mi carisma, mi alma.
    Un beso

  • 2. Sandra Sánchez  |  6 febrero 2019 - 10:06

    A mí me ha encantado tu comentario. Gracias, Paula, otro beso : )

  • 3. Nuria Cabrera Sancho  |  5 febrero 2019 - 21:21

    Sin palabras, me parece un relato y una reflexión interesantísima. Me he enganchado desde la primera frase. Felicidades 🙂

  • 4. Sandra Sánchez  |  6 febrero 2019 - 10:06

    Gracias, Nuria, siempre tan generosa : )

Deja un comentario

Requerido

Requerido, (permanecerá oculto)


+ seis = 14

Hearst España S.L. (en adelante, Hearst España) como responsable del tratamiento utilizará los datos personales que nos facilites a través de este formulario para que puedas comentar en el blog y para cumplir con los requisitos legales aplicables, según se detalla en nuestro Aviso de privacidad.
Tus datos serán almacenados por el plazo legalmente previsto para este tipo de servicios. Si tienes cualquier consulta o duda, puedes hacerlo en cualquier momento enviando un mensaje de correo electrónico a privacy@hearst.es


Subscríbete a los comentarios vía RSS