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18 diciembre 2018

La convulsión

No importa lo que decimos, sino lo que hacemos. O más bien, solo importa lo que decimos si acompaña a lo que hacemos, si esa coherencia entre una cosa y la otra se produce. Esa frase, o parecida, la dijo Jane Austen hace ya más de 200 años, y también la dice, o parecida, el actor Bruno Ganz en The Reader. En esa película, maravillosa, Kate Winslet interpreta a una mujer alemana, humilde, sin cultura, y con un pasado terrorífico y secreto. La acción transcurre unos años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando esa mujer lleva una vida gris y solitaria hasta que conoce a un joven estudiante al que dobla la edad y empiezan a vivir, al principio casi a pesar de ella, un intenso romance.

Kate, es decir, su personaje, desaparece y transcurren los años, pero el joven vuelve a encontrarse con ella en el sitio más inesperado y su pasado sale a la luz. A partir de aquí, ¿qué hacer? ¿Todo es perdonable, cualquier cosa, por grave que sea se puede olvidar? El chico opina que no y aunque retoma el contacto con ella la relación ya será completamente distinta.

Desde hace años pienso de vez en cuando en la primera frase de este post. No he comentado que Bruno Ganz, en la película, interpreta al profesor del joven, un hombre sabio de esos cuyos consejos no son un ‘tienes que hacer esto o lo otro’, sino ‘yo te dejo caer esta idea y tú si te parece bien haz con ella lo que veas’.

Hay cosas imperdonables. Es fácil caer en el ‘buenismo’, sobre todo si opinamos desde lejos, sin que el asunto en cuestión, sea el que sea, nos alcance de lleno. Como aquella cita de Alejandra Pizarnik: “Qué fácil callar, ser serena y objetiva, con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa, perfecta dueña de mí misma. Pero con los poquísimos seres que me interesan… Allí está la cuestión absurda. Soy una convulsión”.

La sociedad está cambiando. Parece que no, pero se van moviendo cosas. Ya casi finaliza este año y desde el punto de vista social al repasarlo lo primero que me viene a la cabeza es el 8 de marzo. El de 2018 ha sido como ningún otro que yo recuerde, una auténtica marea de mujeres de todas las edades en las principales calles de todas las ciudades del país con una causa común. La igualdad de derechos y de libertades, ni más ni menos, porque de eso y no de otra cosa va el feminismo. Fue realmente emocionante, tanto ese día como los posteriores, una sentía una esperanza flotar en el ambiente, como de un avance que está a punto de acontecer.

Terminar el año con la noticia del más que probable (no está confirmado mientras escribo esto, aunque todo apunta a ello) asesinato de Laura Luelmo, una joven zamorana que empezaba una nueva etapa de su vida, con todo por hacer, por descubrir, por disfrutar… por vivir, es sencillamente insoportable. Pensar en ella y en las personas que la querían produce una tristeza infinita. Y pareciera como si el mundo se nos viniera de nuevo encima, un cielo negro y pesado en el que se hace imposible respirar.

El cambio que se ha producido este año creo que es justamente este: que aunque no conociéramos personalmente a Laura su muerte nos alcanza a todas, a todos, de lleno y ya es así con cualquier niña, joven, mujer, que sea atacada. Con todas, el resto somos ya una convulsión. Y eso nos hace imparables. Esta noche pienso en otra cita de Pizarnik, esta me gusta más que la anterior. La poeta argentina decía lo siguiente: “Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y corazón guerrero”. No menguará ese calor. Irá a más.

Foto: Suhyeon Choi


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3 Comentarios

  • 1. Paula  |  19 diciembre 2018 - 21:22

    Siento lo mismo.. cada dia una noticia triste que me encoge el corazón, un entorno tan hostil que hace que me pregunte a que clase de mundo he traído a mis dos hijas….me niego a que crezcan con miedo, a que vivan con miedo…es mi responsabilidad…nuestra responsabilidad cambiar esta sociedad… hace años que lucho por mis derechos, por nuestros derechos, por los de mis hijas, pero nunca con tanta fuerza como lo hago hoy, y ahora más que nunca, me siento más comprendida y amparada por otras mujeres, si queremos conseguirlo debemos estar unidas , el 2019 debe ser el año de nuestra revolución…basta ya de muertes, de maltrato, de desigualdad, de violencia, de machismo, de miedo….el futuro es nuestro. Un fuerte abrazo hermana.

  • 2. Nuria  |  19 diciembre 2018 - 21:45

    No conocía la última frase de Pizarnik y es consoladora, por lo menos. Porque es insoportable levantarse cada día con un nuevo asesinato en las noticias.

  • 3. Kinga K.  |  1 enero 2019 - 23:40

    Te entiendo ♥

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