Twist and shot » Sin mirar atrás

25 junio 2018

Sin mirar atrás

Hace un par de noches soñé contigo. Era un sueño bonito y muy triste a la vez. Nos encontrábamos bajo la lluvia, como el día que nos conocimos. Y fue como si se cerrara un círculo. Porque ahora, en el sueño, te despedías de mí. Me regalaste algo hecho por ti. Una gran bola transparente llena de diminutos papeles de colores, cada uno por cada mes que hacía que nos conocíamos. Yo lloraba y sentía que te quería. Y también sentía que tú, de alguna forma, me querías a mí. Te marchaste y me quedé allí, sin poder moverme, con aquel globo transparente entre las manos y mis lágrimas confundiéndose con las gotas de lluvia que empapaban mi cara.

Entonces me desperté. Un frío húmedo recorría cada uno de mis huesos y de mis músculos, pareciera que la lluvia hubiera sido real; pero lo más extraño es que me inundaba de dentro hacia fuera y no al revés. La sensación de realidad, de hiperrealidad, del sueño, me acompañó durante toda la mañana.

El día comenzó de un modo aparentemente normal, pero solo aparentemente. Mientras mi jefe me pedía a gritos desde su despacho el informe que necesitaba yo luchaba contra el atasco interior que sufría la impresora; pero el mío, el que sufría yo, era mucho más grave. Por eso pude superar el maltrato verbal del hombre de la corbata, que seguía dando voces como si jamás hubiera conocido la ternura. No hay mal que por bien no venga.

A mediodía, con la impresora arreglada y el maldito informe entregado, ya no pude más y marqué tu número. No lo cogiste y colgué. No pude comer nada, tenía el estómago completamente cerrado, habría sido inútil intentarlo siquiera.

Volví a llamar a las 4 de la tarde, y a las 5 y a las 6. A las 10 de la noche te dejé un mensaje. Estaba desesperada, lo sé. Lo sabía también cuando mi voz se grababa en tu móvil y no podía pararla, porque estaba disparada. Te decía, y yo era la primera sorprendida, que no me dejabas tú, que te dejaba yo. Que dar la cara y tratar bien a la gente era importante, fueran las circunstancias las que fueran, eso daba igual. Y que yo no quería tener nada que ver con cobardes. Solo me interesaba la gente seria y la gente buena.

A estas alturas del mensaje mi voz iba por libre, era completamente independiente de mí. Yo no quería decir aquello, o tal vez sí, no lo sé. Pero mi voz lo tenía claro y yo no podía controlarla. Intenté toser para detenerla, también respirar hondo, tomar aire, pero nada funcionaba, ella quería hablar y hablar, soltarlo todo sin filtro, no tenía límites.

Te dijo que la noche anterior había soñado contigo, pero que en el sueño al menos fuiste detallista, cariñoso, honesto. Todas esas cosas que no eras en la vigilia, en la vida real. Todas esas cosas que yo quería creer que eras, a sabiendas de que me engañaba a mí misma.

Pero cuidado, no me voy a culpar por eso, el culpable eres tú. Dicen que en las relaciones no hay malos. Bueno, depende, en muchos casos sí los hay, y en este lo eres tú. Te acostumbraste a recibir respeto y no creíste necesario ofrecer lo mismo. En realidad no creíste necesario ofrecer nada más allá de lo que te apeteciera en cada momento, y seguramente te felicitabas a ti mismo cuando te mostrabas mínimamente agradable conmigo. Qué doloroso y qué triste.

La voz, mi voz, seguía hablando sin freno. ¿Qué pensarías cuando la escucharas?, esa pregunta pasaba por mi mente no sin cierto temor, mientras la voz te contaba ahora que esa era nuestra última conversación, mejor dicho, nuestro último monólogo, pues no volveríamos a encontrarnos. Se trataba de una despedida. Yo sí daba la cara, yo sí te decía adiós y hasta nunca abiertamente. Porque hay cosas que no se pueden mantener cuando lo que se pone en peligro es la dignidad de una. Y la mía estaba en pie, pero empezaba a tambalearse, se veía venir el desplome. Y ese era el límite, la pérdida de la dignidad.

Escuché a mi voz decirte a través del móvil “hasta nunca” y mi cerebro ordenó a mi dedo índice pulsar el botón de colgar. Ahí terminó todo.

Eso fue ayer por la noche y para mi sorpresa dormí estupendamente. No tuve ningún sueño, o si lo tuve no lo recuerdo. No hubo lágrimas, ni lluvia, ni sensación de frío en los huesos al despertar.

Esta mañana me he levantado descansada y tranquila, con la mente extrañamente despejada. He desayunado un café largo y dos donuts, porque era lo que me pedía el cuerpo. Y he llegado a la oficina en un estado casi casi zen.

Faltaban dos minutos para la hora de entrada y yo ya estaba allí, pero antes de tener tiempo siquiera para colgar mi chaqueta del perchero he escuchado el bufido de mi jefe al otro lado del cristal que separa su despacho del resto del universo. He entrado a darle los buenos días y me ha pedido a gritos unos documentos de los que yo ni había oído hablar, pero que según él tenía que haber entregado la tarde anterior.

Con toda la tranquilidad del mundo he sacado el móvil del bolso. He buscado el mensaje que te envié ayer, ese en el que mi voz hablaba sola y decía lo que yo no me habría atrevido a decir jamás. He buscado el número de mi jefe y se lo he reenviado. Cuando he oído la señal de su móvil que indicaba que había recibido mi mensaje he salido del despacho. Me he vuelto a poner la chaqueta y me he ido de la oficina sin mirar atrás.

Foto: Andre Benz


8 Comentarios

  • 1. Vicky  |  25 junio 2018 - 15:18

    <3
    Me ha encantado 🙁
    Algún día yo me iré sin mirar atrás.

  • 2. Sandra Sánchez  |  5 julio 2018 - 20:03

    Gracias, Vicky. Un abrazo.

  • 3. Patricia Martinez Peñalver  |  26 junio 2018 - 09:40

    Apuntado…..Gracias

  • 4. Sandra Sánchez  |  5 julio 2018 - 20:03

    A ti, Patricia.

  • 5. Amparo  |  27 junio 2018 - 13:32

    Qué identificada me he sentido x diossss!!!!
    Eso que la voz iba x libre…lo que me he reído!!!
    Me encanta como escribes y expresas lo que sentimos muchas en una relación tóxica pero que estás enganchada y realmente no sabes por qué.
    Y que bien te quedas cuando dices : hasta nunca..eso no tiene precio..

  • 6. Sandra Sánchez  |  5 julio 2018 - 20:04

    Gracias, Amparo! 😀 Qué ilusión provocarte esa risa. Te confieso que lo de “hasta nunca” era inicialmente una frase un poco más potente, pero la suavicé. ¡Abrazos!

  • 7. Margot  |  3 julio 2018 - 14:09

    Madre mía…¿soy yo la que habla?. ¡Gracias!

  • 8. Sandra Sánchez  |  5 julio 2018 - 20:05

    ¡Gracias a ti, Margot! 😀

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