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8 marzo 2018

Carta de una madre a su hijo un 8 de marzo

Esta es una carta de amor, como no puede ser de otra manera al estar dirigida a ti. Decía Rousseau que las cartas de amor se empiezan sin saber qué se va a decir y se terminan sin saber lo que se ha dicho; y esta tiene toda la pinta de ir exactamente en esa línea. Rousseau era un pensador francés muy importante que vivió hace mucho tiempo. Dijo frases muy buenas y otras un poco malas, pero las malas no se las vamos a tener en cuenta, porque no está bien criticar desde la actualidad lo que se dijo en otra época, es jugar con ventaja y no vale. Entonces la sociedad era muy distinta, en casi todo peor. Sea como sea, Rousseau era un gran intelectual cuyo trabajo conviene conocer, pero cuando seas más mayor. Aquí lo he nombrado solo por la frase tan bonita que dijo acerca de las cartas de amor.

¿Cómo comenzar esta? Mejor dicho, ¿cómo continuarla sin hablar de ti y de mí, sin romper (porque no quiero hacerlo) el enorme pudor que me impide hablar de mí misma y mucho menos de ti? Puedo probar a generalizar un poco. Decirte que el día 8 de marzo se celebra el día de la mujer. No hay un día del hombre, porque en principio no es necesario. El de la mujer sí, para hacer visible que aún no somos consideradas iguales que los hombres en todos los aspectos, que no tenemos los mismos derechos. Sobre el papel sí, afortunadamente, la Constitución lo dice con claridad. Pero en el día a día las dificultades y las diferencias son muchas.

Por ejemplo, hay un montón de chicas estudiando en una clase como la tuya, la mitad más o menos. Esas chicas van creciendo y siguen estudiando. Todo fenomenal. Y luego llega la hora de trabajar y entonces ellas lo tienen más difícil para tener un buen puesto, un buen sueldo… Los chicos ganan más dinero en general por hacer lo mismo. Es un desastre, una injusticia y por eso hay que intentar cambiarlo, para que las oportunidades de progresar sean las mismas para todos.

Cuando yo era pequeña estaba súper orgullosa de mi madre. Ahora también, claro, pero entonces, cuando tenía tu edad, era muy consciente, a diario, de lo orgullosa que estaba de ella. Me causaba admiración que trabajara fuera de casa, que tuviera una carrera. Entonces no era lo común. Me dejaba temprano en el colegio y se iba corriendo al suyo a dar clase; después yo veía cómo las mamás de mis amigas se marchaban a tomar un café tranquilamente después de dejar a sus hijas (mi colegio era solo de niñas, otra época). No me parecía envidiable tener tiempo libre para tomar un café cada mañana con las amigas, aunque era una opción bien válida. Me parecía envidiable tener una carrera, una responsabilidad laboral, poder desarrollar tu vocación. Y eso hizo la diferencia.

Mi madre me enseñó que yo podría ser quien quisiera ser, solo tendría que trabajar para ello. Por supuesto lo creí a pies juntillas, sin dudarlo ni un minuto. Y eso hice. Quise ser periodista y estudié para serlo y lo fui. Lo soy. Luego la vida te enseña más cosas que también tú aprenderás con el tiempo. Por ejemplo, que no todo depende de tu esfuerzo, que llega un momento en el que te encuentras con techos que no sabías que estaban ahí, con los que no contabas, pero que existen y te frenan. Eso nos pasa a muchas mujeres y también por eso es necesario celebrar un día de la mujer, para acabar con esos techos y ver el cielo abierto.

¿Qué podría hacer yo para enseñarte lo que significa esta fecha y todo lo que hay que combatir? No lo sé. Creo que lo mejor es seguir viviendo nuestro día a día juntos y que vayas descubriendo la vida por ti mismo, conmigo a tu lado. Sé también que tu sensibilidad te convertirá en un hombre amoroso y justo, de verdad lo creo así. La sociedad en la que te va a tocar vivir no parece que vaya a ser fácil. A veces incluso tengo la sensación de que los años de mi infancia eran más libres que los de la tuya. Pero todos estamos a tiempo de mejorar el mundo en que vivimos y es una misión que deberíamos marcarnos como un objetivo personal. Quizá así, sin darnos cuenta, en un futuro próximo los 8 de marzo sean un día más en el calendario. Más o menos cuando tú tengas edad de leer a Rousseau. Eso estaría genial.

Foto y ©: Annie Spratt


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