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5 marzo 2018

Miedo al miedo

Tengo un problema. Gordo, la verdad, un problema gordo. El hecho es que desde que, hace ya años, hice caso a los que me dijeron que si me compraba un iphone me iba a cambiar la vida (y me lo compré y no me la cambió tanto) tengo la costumbre de anotar en él frases que se me ocurren, con la idea de utilizarlas más adelante, cuando este blog me lo vaya pidiendo.

Ahora me he puesto a repasarlas y me surge la duda de si todas son mías o si por el contrario habré anotado la frase de alguna otra persona (leída o escuchada) y no he apuntado junto a ella de quién es la autoría. Así que he editado las notas, las he seleccionado y las he borrado todas. Por si acaso.

Empiezo esta historia de cero, como la canción de Dani Martín que tanto le gusta a mi hijo.

Y voy a comenzar presentando a Nora. Qué nombre tan bonito, lo heredó de su abuela, Eleonora, aunque a ella le llegó en su forma acortada. Sonaba quizá más infantil y con menos prestancia, pero era igualmente hermoso.
Nora tenía un miedo irracional a los inviernos. Los días que el otoño iba tocando a su fin empezaba a sentir una inquietud dentro del pecho, que iba ocupando más y más espacio, hasta dificultarle muy seriamente la respiración.

El invierno significaba ausencia de luz. Días cortos, noches largas, infinitas, que parecen que no van a terminar nunca. Entrar al trabajo amaneciendo y salir cuando ya ha oscurecido, no ver el sol, siempre energético y vital.

Nora llevaba este miedo en silencio, como se llevan la mayoría de los miedos. No lo compartía con nadie, porque no querría que la tomaran por loca. Así que unió su fobia a los inviernos a otras que también vivían con ella desde hacía tiempo en un cajón de su cerebro que trataba de cerrar con llave, para neutralizarlas e impedir que se escaparan y le agobiaran más de lo que pudiera soportar, o de lo socialmente aceptado.

Un día de ese invierno, que empezaba a resultar interminable, comenzó a llover y ya no paró de hacerlo durante semanas. Nora tuvo miedo de empezar a tener un nuevo miedo, a la lluvia. Vivía en un círculo vicioso malsano, sentía miedo del miedo.

Pero por fin se dio cuenta de que a lo que le tenía miedo no era a cosas en concreto, sino a que determinadas cosas no terminaran nunca, a que las situaciones que le disgustaban no tuvieran fin, como si pudieran convertirse en un túnel eterno, en el que ella jamás vislumbrara la salida.

Esto lo descubrió una noche al salir del trabajo. Bajaba en el ascensor con un compañero, él sonriente, ella cariacontecida. Se miraron y Nora instintivamente también sonrió. Lo hizo después de un segundo de desconcierto, en el que tuvo la extraña certeza de que ese compañero sabía, sin conocerla, lo que le sucedía. Al salir del edificio él gritó de emoción. “Eh, Nora, ha dejado de llover. ¡Ahora está nevando! Y, sinceramente, ¿quién puede tener miedo de algo tan bello como la nieve?”

Nora miró hacia arriba y dejó que la nieve cayera sobre su cara. Le pareció limpia, purificadora, de un blanco muy brillante, casi mágico, irreal. Las farolas de la calle iluminaban como pequeños soles (¡cómo no había reparado nunca en ellas!) y les iban abriendo paso. Sonrió abiertamente y le dio las gracias a su compañero. Él no sabía por qué lo hacía, pero le encantó verla tan contenta y le propuso acercarla a casa en su coche. Ella contestó, “¿con la noche tan maravillosa que hace? Ni loca, me voy a pie”.

Se quitó la capucha y echó a andar despacio dejando que los copos de nieve se posaran en su cara y en su pelo. Empezaba a cuajar y mientras caminaba pensó que no tenía que dejar que el invierno pasara por ella, sin hacer nada. Era ella la que tenía que pasar por él. Y con el resto de sus miedos igual. No había que esperar que pasaran, si es que alguna vez lo hacían. Había que atravesarlos para vencerlos. Y ahora sabía que al hacerlo sólo había una opción, salir victoriosa.

Foto y ©: Annie Niemaszyk


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2 Comentarios

  • 1. SGC  |  14 marzo 2018 - 20:40

    Este post me ha llevado a unos años atrás, donde leía detenidamente las palabras que dejaba cada semana Javier Aznar. Siempre con una canción muy especial, que te transportaba al protagonista de la historia.

    Gracias por construir un rincón parecido al suyo con tu esencia.

    Que pena darme cuenta ahora, pero esta claro que nunca es tar.
    Gracias de nuevo por hacer de un miércoles lluvioso, un miércoles de descubrimiento.
    C.

  • 2. Sandra Sánchez  |  16 marzo 2018 - 10:31

    Muchas gracias a ti, C. Me alegra mucho que te haya gustado este descubrimiento, gracias por tu mensaje, bienvenida. Un abrazo grande.

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