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21 febrero 2018

La corriente

Nadia era una luchadora nata. Una incomprendida, una inconformista, una… qué se yo. ¿Habéis visto la foto que circula por ahí de una niña llegando a la playa con su bici, con su perrito y con su toalla y se encuentra con el cartel “No Dogs, No Bicycles, No Swimming”? Esa niña con unos años más es Nadia.

Inconformista, incomprendida, interesante.

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Se pasa la vida luchando hasta con su propio nombre, defendiendo contra viento y marea su letra “i”, porque ella no quiere ser Nada.

El caso es que últimamente estaba pasando una etapa de película de terror. Todo le iba mal, no era posible tan mala suerte. De hecho ella no creía en la suerte, eso era para los flojos. Nadia creía que si se deseaba mucho algo y hacía lo posible por lograrlo al final llegaba. Pero la realidad se empeñaba en demostrarle lo contrario, un día tras otro, un día tras otro.

Ese miércoles estaba especialmente abatida. Muy triste, con una sensación de que no podía hacer nada por arreglar nada; la “i” de su nombre parecía desaparecer poco a poco, como la fotografía de la película Regreso al Futuro, en la que los hermanos de Marty McFly van borrándose de la instantánea hasta dejar de existir, hasta ser nada. Nada.

Su primer pensamiento fue el de siempre, rebelarse, sacudirse todas sus sensaciones negativas y ponerse en plan optimista. Pero no funcionaba. Después empezó a tirar de recursos. Llamó a su mejor amiga, que comunicaba. Salió a conducir, pero había mucho tráfico y volvió en seguida a casa. También probó a escuchar música, a ver una película antigua, a leer un libro nuevo. Pero nada funcionaba, el vacío y la tristeza crecían y crecían dentro de ella. Cuanto más luchaba por sentirse bien, peor se sentía.

Entonces, mientras paseaba por el jardín Botánico, uno de sus lugares favoritos, porque siempre le inspiraba, vio a un pájaro posarse con delicadeza sobre la rama de un arbusto y recordó súbitamente un pensamiento de Murakami, el escritor japonés con el que tanto se identificaba. Sabía que en esa reflexión encontraría la respuesta a sus problemas, la salida de la nube negra que parecía estar atravesando sin atisbar su final. Pero no lo recordaba con exactitud. Tomó una bocanada de aire antes de abandonar el Botánico y se dirigió a una librería especializada en literatura japonesa y que se encontraba muy cerca. Nada más entrar sintió una paz que antes no tenía. Buscó entre los lomos de las novelas que poblaban las estanterías “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Y allí, entre sus páginas, halló lo que buscaba. Murakami le explicaba qué le estaba pasando y cómo debía actuar:

“No debes poner resistencia a la corriente. Hay que ir hacia arriba cuando va hacia arriba. E ir hacia abajo cuando va hacia abajo. Cuando debas ir hacia arriba, busca la torre más alta y sube a la cúspide. Cuando debas ir hacia abajo, busca el pozo más profundo y desciende hasta el fondo. Cuando no haya corriente, quédate inmóvil. Si te opones a la corriente, todo se seca, el mundo se ve envuelto por las tinieblas.”

Nadia no hacía más que nadar a contracorriente, y jamás podría ganar la batalla al mar. Entendió que los malos momentos existían, igual que los buenos. Y que poco se podía hacer contra ellos salvo aceptarlos y dejarlos pasar. A veces, para que todo mejore, aunque tarde en hacerlo, simplemente hay que dejarse fluir. Que no es lo mismo que rendirse.

Foto y ©: Brooke Cagle


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5 Comentarios

  • 1. Isa  |  22 febrero 2018 - 19:15

    Me siento muy identificada con la protagonista. Este post me ha resultado muy inspirador.

  • 2. Sandra Sánchez  |  23 febrero 2018 - 13:04

    Me alegra mucho, Isa. ¡Un abrazo!

  • 3. Montse  |  24 febrero 2018 - 10:26

    Siempre me encantan tus lecturas, pero está ha llegado en el momento preciso. Gracias por curar con ellas nuestra alma. Un abrazo

  • 4. Sandra Sánchez  |  26 febrero 2018 - 16:10

    Muchas gracias, Montse. Qué bonito tu mensaje, gracias. ¡Un abrazo!

  • 5. dissertation writing services from smart essay rewriter  |  5 marzo 2018 - 07:23

    She spends her life fighting her name, defending herself against any disagreement with her letter, because she does not want to be anything.

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