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31 octubre 2017

Cruzar sin mirar

La otra tarde se quedó parada en medio del caos de la gran ciudad. La gente apretaba el paso a su alrededor, atardecía y era pronto, qué paradoja; acabábamos de entrar en el horario de invierno y resultaba extraño que a las seis y pico de la tarde fuera ya casi de noche. Todo en las últimas semanas le parecía en realidad extraño. Desde este otoño disfrazado de verano a la convulsa actualidad política, pasando por algunos problemas de salud sin importancia, pero inesperados; todo le hacía sentirse rara, como si se encontrara viviendo en la luna sin saber cómo había llegado hasta allí. Sólo la lectura y la música le hacían sentirse en casa y le proporcionaban algo de calma aquellos días. Fuera de ese refugio el mundo le parecía irreal.

Esa tarde, cuando frenó en seco y se quedó plantada al borde de la carretera, a la salida de su trabajo, estuvo a punto de cruzar sin mirar. Tan ensimismada iba en su mundo particular, en su universo etéreo, que no cayó en la cuenta de que más allá de él existía la vida. Que los coches iban y venían a toda velocidad y que si no se andaba con cuidado podrían atropellarla. Porque la vida, si no te proteges, te atropella.

Pasado el primer susto, cuando consiguió que el corazón volviera a latir a un ritmo pausado, miró al horizonte y aunque las lágrimas que empezaron a caer por su rostro no le dejaban ver con claridad, sí pudo apreciar el color rosa del cielo de Madrid. Era un rosa mágico, que se empeñaba en dar luz, a sabiendas de que tenía la batalla perdida y de que la noche se le echaría encima. Le gustó esa idea de luchar aunque ganar resultara imposible. Siempre ha sido idealista y romántica, así que aunque pasó por su mente el pensamiento de que el rosa del cielo se debía a la contaminación atroz que sufría la ciudad y que no tenía nada de poético, prefirió apartarlo y recrearse en la imagen épica de la lucha de fuerzas entre la luz y la oscuridad.

Se abrigó con su chal, empezaba a refrescar. Parecía de pronto que el otoño hacía por fin acto de presencia y quizá con él todo recobrara cierto sentido. Así quiso creerlo. También cayó en la cuenta de que dejaba atrás octubre y comenzaba noviembre, con 30 días en blanco, 30 oportunidades a estrenar que tendría que coger al vuelo. Como fuera.

Foto y ©: Flo Karr

Listen while you look…


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1 comentario

  • 1. Un sábado para leer #26 &hellip  |  4 noviembre 2017 - 09:30

    […] Cruzar sin mirar {Twistandshot}: Me encantan los relatos que Sandra escribe en su blog, así que aquí dejo uno de los últimos que ha publicado. Si quieres saber más sobre ella, puedes leer esta entrevista que le hice para la sección Vidas Cruzadas (que debo recuperar sí o sí) o escuchar nuestra charla para Reenfoca2. […]

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