Twist and shot » Calling Elvis

19 septiembre 2017

Calling Elvis

Quiere que vuelva, pero no sabe cómo lo podría lograr. Después de darle vueltas a la cabeza desde que se despierta tempranísimo hasta que cierra los ojos cada noche, a unas horas descabelladas, su cerebro no encuentra salida y no da para más.

Cuando él estaba a su lado se sentía segura. Entonces quizá no fuera consciente de ello, pero ahora sí, su ausencia se hace presente, paradójicamente, de un modo insoportable, como una bofetada continua, como si el aire que la rodea fuera irrespirable y sintiera a cada momento que se ahoga sin remedio.

Es muy triste, ella lo sabe. Sabe que se sentirá así durante un tiempo y que éste no será breve. Confía en que el paso de los días, las semanas, los meses, la cure o al menos en que sea un bálsamo para su herida, la que tiene abierta justo en medio del corazón. Aunque recuerda también la frase de Shakespeare, esa que decía que el tiempo es largo para el que sufre, corto para el que goza y eterno para el que ama. Su padre le inculcó la pasión por la lectura y de aquellos polvos vienen estos lodos; ahora tiene citas literarias para cada ocasión. Acuden a su mente sin que ella las llame. La verdad es que a veces reconfortan. Y la verdad también es que a veces no.

También gracias a su padre descubrió las tiendas de discos. Y no sólo las descubrió, sino que se enamoró de ellas. No cree que haya un lugar mejor al que acudir cuando el alma se resiente. En ellas puedes pasear entre vinilos, acariciar sus cubiertas, respirar el olor único y personal de la música, que lo tiene, claro que lo tiene.

A su padre le gustaba Elvis Presley. Pensaba, como John Lennon, que antes de él no había nada. ¿Qué hacía la gente que nació antes de tiempo cuando necesitaba una canción como Love me Tender y no la encontraba, porque sencillamente no existía? Qué tiempo tan terrible debió de ser aquel.

Los viernes, cuando la recogía del colegio, situado en el centro de la ciudad, cogían el autobús y se bajaban dos paradas antes de la que los dejaba frente al portal de su casa. Caminaban entonces hasta la tienda de discos del barrio y allí saludaban a Martín, el dependiente que parecía salido de la película Alta Fidelidad, y se pasaban un buen rato ella descubriendo las últimas novedades, los long plays recién llegados y su padre recordando los viejos éxitos. Y casi siempre se llevaban algún vinilo a casa, de rabiosa actualidad, como decían los locutores de radiofórmula de la época, o descatalogados, los favoritos de su padre. Volvían felices con su tesoro recién adquirido y lo machacaban en el tocadiscos durante todo el fin de semana para horror de sus vecinos.

Hacía años que no recordaba esos viernes. Y años también que no visitaba la tienda de Martín, desde que dejó el barrio al terminar el instituto. Hoy lo ha hecho, ha vuelto a la tienda y se ha emocionado al comprobar que sigue abierta, en pie de guerra, ofreciendo música al personal. Martín la reconoce y le dice sonriente que ella, igual que el vinilo, ha vuelto. Le pregunta por su padre; él no volverá, por eso ella está allí. Para recordarle con la música que tanto compartieron, para ver si puede encontrar algún viejo disco de Elvis que llevarse a casa para no dejar de escucharlo en todo el fin de semana. Como El Rey decía y su padre repetía siempre guiñándole el ojo, “la música nunca puede ser mala, digan lo que digan sobre el rock and roll”.

Foto y ©: Yaroslav Blokhin

Listen while you look…


Etiquetas: , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Requerido

Requerido, (permanecerá oculto)


− 4 = cinco

Subscríbete a los comentarios vía RSS