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31 julio 2017

Mi amigo Lobo

Toda mujer debería contar con un amigo-lobo. Si lo tienes no hace falta que te explique más, ya sabes de lo que estoy hablando. Si no sabes de qué va el tema es que aún no has encontrado al tuyo. No pasa nada, con suerte llegará. Los amigos y más los de este tipo, son como el amor, aparecen en el momento oportuno, los busques tú o no.

A Laura las cosas no le han ido en general del todo bien. Ha tenido sus buenos momentos, por supuesto, pero nunca ha sido lo que se dice una mujer con estrella. Aun así lo ha llevado con clase. Es de esas personas que asumen lo que les pasa y siguen adelante, confiando en que lo que venga será mejor. Poco más se puede hacer además de seguir adelante, piensa. En todo caso las otras opciones le parecen peores.

De un tiempo a esta parte su suerte ha cambiado. Ella lo achaca, con razón, a que apareció en su vida Lobo, un perro maravilloso, atlético, de un pelo brillante, enérgico, lleno de vida. Lo encontró haciendo senderismo por la montaña, lejos de la ciudad. Parecía muy cuidado, ¿lo habrían abandonado recientemente? No era posible que llevase demasiado tiempo solo… O quizá sí y él prefería esa vida en libertad, decidiendo por sí mismo. Su aspecto era el de un animal libre, autosuficiente y feliz.

Laura dedicó mucho tiempo a buscar a sus propietarios, puso anuncios por todas partes, fotos del perro en las farolas, en Facebook, en todos los lugares que se le ocurrió. Pero nadie contestó a su llamada, parecía que hubiera aparecido de la nada para encontrarse con ella. Decidió quedarse con él, adoptarlo como su amigo, llamarlo Lobo, porque le recordaba a este animal, fuerte, con personalidad, inteligente y con un punto salvaje. Lobo se convirtió en su sombra, en su compañero más fiel. A Laura le gusta salir a pasear a primera hora de la mañana y a última de la tarde, verlo correr a ritmo lento exhibiendo su pelaje, alejándose de ella para luego regresar.

Le cuenta su vida, puede que para muchas personas esto no tenga ningún sentido; la propia Laura se sorprendió al descubrirse a sí misma haciéndolo por primera vez. Le habló de sus amores y desamores, de sus amistades duraderas y de las que se rompieron y dejaron una herida que ya está curada o no. Le habla de sus sentimientos y de su día a día mientras le acaricia cuando se sientan juntos en la montaña mirando al horizonte después de un largo paseo. Y desde que lo hace se siente mejor y sus problemas se hacen humo, dejan de existir. Su mera compañía le hace bien; parece, vuelve a pensar, que el perro le trae suerte, aunque hasta ahora Laura no había creído mucho en ella, es una persona de un pensamiento racional, crítico. Una mujer de ciencias cien por cien.

Ayer al atardecer, en su paseo diario, se les echó el tiempo encima, se hizo más tarde de lo habitual. A Laura no le importó, no tenía prisa por volver a casa ni a ningún otro sitio. Se encontraba a gusto y en paz con el mundo y consigo misma allí, sentada sobre una roca mirando al infinito junto a su perro. Pero Lobo empezó a inquietarse; al principio de forma casi imperceptible, después con un nerviosismo evidente, hasta que echó a correr a toda velocidad a casa. Laura le siguió como pudo y a punto estuvo de descubrir su secreto, menos mal que no lo hizo. Habría sabido que su Lobo la protege y más de lo que imagina. Que de noche se convierte en un Lobo humano que vela su sueño y se encarga de que los problemas del día queden solucionados para que ella al despertar se sienta tranquila y segura. Por eso Laura cada amanecer sabe a ciencia cierta, su corazón se lo dice, que nunca, jamás, encontrará un amigo mejor que Lobo.

Foto y ©: Patrick Hendry

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