Twist and shot » Agua de lluvia ácida

10 julio 2017

Agua de lluvia ácida

Trabaja como una loca para no pensar. Le está cundiendo muchísimo, de repente le da tiempo a todo. Su jefe piensa en un ascenso y su compañero la mira con recelo, no soporta su capacidad de concentración y de sacar adelante los proyectos, cree que esconde un objetivo maligno contra él. No tiene ni idea que él, su compañero, es la última persona en la que ella piensa.

Estos días se está ganando el respeto de sus superiores y el desprecio de muchos de sus iguales, pero eso a ella le da igual. Ni una cosa ni la otra le importan lo más mínimo. Vive, o sobrevive, dentro de su concha, del caparazón que se ha creado alrededor de su piel para sentir lo menos posible. No sabe cuánto tiempo permanecerá en este estado de semi hibernación, pero no cree que vaya a salir de él por ahora.

Apura frente al ordenador del cubículo en el que trabaja hasta que en la calle se encienden las primeras luces al caer la tarde. Y entonces no tiene más remedio que darle al off y bajar al asfalto, a mezclarse con el maremagnum de personas que circulan hacia sus casas para encontrarse con los suyos, para relajarse, cenar algo rico, disfrutar de alguna peli, quizá.

Ella mira al cielo mientras camina con las manos en los bolsillos de su viejo abrigo, largo hasta los tobillos y que no piensa tirar nunca, porque cree que la protege. Empieza a llover y los transeúntes aprietan el paso al mismo tiempo que ella se para y deja que la lluvia moje su cara. Puede que así se lleve todo lo malo, la pena que hay dentro de ella. Pero abre los ojos y ve la contaminación salvaje que persiste, impasible, sobre su ciudad. Y piensa que ese agua de lluvia no puede limpiar nada, así que se pone la capucha y corre hacia su casa.

Al llegar el móvil le avisa de que tiene un email. Es de una vieja amiga y contiene un mensaje muy breve, “deberías estar aquí” y una foto, la de una aurora boreal al norte del continente, del mundo, al norte de todo. Esa noche sueña con ella, con un cielo verde, mágico y puro que abarca hasta donde llega su vista. Y al despertar el recuerdo del sueño le hace sentir muy bien, no recordaba una sensación tan relajante y placentera. Le sorprende también que dure toda la mañana, incluso que se prolongue en el resto del día.

De noche contesta el email de su amiga y organizan todo para una escapada inminente. Sin hacerse muchas ilusiones, pero decidida, prepara una maleta con ropa de abrigo y olvida en el armario ese que le llega hasta los pies. Se dirige al aeropuerto y a pesar del peso de la maleta que arrastra cada vez camina más y más ligera. Y justo cuando el avión despega siente que su coraza, por fin, empieza a resquebrajarse.

Es entonces cuando el cielo se empezó a ocupar de sus recuerdos. Es cuando el pasado empezó a dirigir al presente hasta hacer que su memoria dulcificara esos espacios oscuros que anidaban en su memoria sin apenas soltarse de su vida. Oblicuos rayos de sol despedían el día y encogían la rutina en pequeñas dosis de sombras que acaparaban su vida desde hacia meses.

Ahora pensaba que su abrigo largo lleno de versos contenidos y lamentos frígidos ya no la protegería de ese frío que siempre asomaba cuando el presente volvía una y otra vez hacia atrás.

Apenas quedaban 30 minutos para aterrizar. El piloto acababa de informar de una noche despejada en Oslo. Seis grados y un viento plácido para lo que se acostumbraba en esa época del año. De repente el trabajo y las dudas se convertían en ese sueño inquietante que no consigues fijar en tu retina.

Preparó mentalmente su cámara de fotos y empezó a tataraer con los cascos puestos Enjoy the silence. Hacía tanto tiempo que no escuchaba esa canción dentro de su cabeza… Aquel día París fue monumental. Y Depeche Mode la luz de la ciudad. Su luz.

Aeropuerto de Oslo. 20:00. Viento suave. Trae aromas conocidos. Los esquemas del presente son ideales del pasado. Había llegado hasta aquí para invertir la dirección y lograr descomponer aquella arrogancia que convertía en granito la lava del volcán en erupción en la que se había convertido su vida.

Y necesitaba huir. Escapar de aquel denso humo que se adueñaba de su garganta cada tarde después de las siete. Sola en la redacción, le daba por mejorar las palabras y acariciar el gusto por la ausencia sin saber que su condena era su traición más cruel. Pero le gustaba regocijarse en aquel dolor tan sentido, en aquella página que la vida le había enseñado a escribir como si se tratara de su castigo.

Sin embargo el dolor se había esfumado en el descenso de la escalerilla del avión. De una forma extraña al bajar a tierra empezó a planear entre versos y poemas inacabados, entre sonrisas y voces que le habían atormentado y ahora simplemente eran combustible para seguir volando.

Sabía que Marta estaría esperando en el vestíbulo. Se puso aquella cazadora de cuero que compraron en Marruecos en los ochenta. No había vuelto a ponérsela desde que ella se fue. Y por pura intuición la cambió a última hora por su abrigo talismán. Y se sintió la chica de ayer con su cazadora de tachuelas y pálidas cremalleras estilo Ramones.

Abrazó a Marta y sintió que la vida se recomponía.

Apenas pudieron hablar más allá de un “no has cambiado nada”. Recorrieron los pasillos del aeropuerto cogidas del brazo y sus ojos verdes brillaron del color de las auroras en una primavera que se antojaba especial.

-Sus labios seguían teniendo el sabor de la vida- pensó. Olían a versos antiguos y a aire fresco.

Mucho tiempo después llamaron preguntando por ella a su antigua empresa. Tenían una maleta con su nombre desde hacía semanas. Pero allí nadie respondía a ese nombre.

Hacía mucho tiempo que nadie sabía nada de Aurora.

Llueve. Despacio. Las gotas resbalan por los cristales de los coches. Parece una lluvia limpia que convierte el atardecer en colores verdes, azules y rojos. Quién sabe si esas nubes saben de ella.

Llueve. La noche es limpia y presiento que la vida empieza cada día si estamos dispuestos a vivir por ella.

Texto: Sandra Sánchez y Ricardo Rubio
Foto y ©: Ricardo Rubio

Listen while you look…


Etiquetas: , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Requerido

Requerido, (permanecerá oculto)


seis + 2 =

Subscríbete a los comentarios vía RSS