Twist and shot » Fred y Ginger

19 junio 2017

Fred y Ginger

Una vez leí que el último pelirrojo nacerá en Finlandia hacia 2050. Es un dato que me impactó y estuve un tiempo pensando en él; después lo archivé en algún lugar remoto del cerebro, pero de vez en cuando me asalta por sorpresa, como queriendo decirme algo.

Siempre me han llamado la atención las personas pelirrojas, me parece una suerte tener el cabello de fuego, lo considero un toque interesante de personalidad que te regala porque sí la naturaleza.

Fred y Ginger opinan igual, pero esto es ahora, les ha costado años asumir su condición de pelirrojos debido a su acusada timidez. No son finlandeses, sino de Irlanda, y aunque allí también abundan los cabellos rojizos no es fácil encontrarlos de un tono tan encendido como el suyo.

Se conocieron por casualidad, cuando Ginger, concentrada haciendo fotos, tropezó en una calle empedrada de Dublín y Fred se apresuró a ayudarla para evitar que cayera al suelo. Al mirarse no pudieron reprimir la carcajada, parecían hermanos. Ninguno de los dos tenía nada urgente que hacer en ese momento, por lo que entraron en un bar (aquí añadiríamos “irlandés”, allí es simplemente un bar) y pidieron un par de pintas. La conversación fue fluida y las risas continuaron, “¿y si fuéramos de verdad hermanos?” “A ver, cómo te apellidas…”. No compartían apellido, pero casi; ella era O´Connell y él O´Connor. Motivo suficiente para reírse un poco más cuando hay ganas de hacerlo.

La noche se unió a su fiesta y anduvieron los tres por las frías calles de Dublín hablando de lo divino y lo humano. Con las primeras luces del alba se despidieron con la seguridad de volver a verse. Intercambiaron teléfonos y se fueron a sus casas felices de haberse conocido.

Ginger miró el reloj de su mesilla nada más despertarse, como hacía siempre; eran las 5 de la tarde. Acto seguido echó un vistazo a la pantalla de su móvil, que era lo segundo que hacía cada día, de forma rutinaria. Esta vez realizó esta acción de un modo especial, con un cosquilleo en el corazón, esperando encontrar en la pantalla algún mensaje de Fred. Tampoco pudo evitar un leve pinchazo en el pecho al no hallarlo. Esperó el resto de la tarde convencida de que él se pondría en contacto con ella. Pero no lo hizo.

Pasaron los días y pareciera que Fred se hubiera esfumado o, peor aún, que nunca hubiera existido. A Ginger le parecía ya lejano su encuentro, como si simplemente se hubiera tratado de un sueño, real, pero sueño al fin y al cabo. No, no podía ser un sueño, ella sabe lo que vivió. Marca su número, pero la compañía telefónica le indica que no pertenece a nadie; busca en google su nombre, pero los Fred O´Connor que encuentra son o muy mayores o muy jóvenes, o muy altos o muy bajos, o muy rubios o muy morenos… pero ninguno es Fred.

Las semanas avanzan y Ginger no entiende nada. En vez de olvidar ahora cada vez lo recuerda con más fuerza, de una forma más intensa. Algo tiene que hacer. Y lo hace. Busca su cámara de fotos, abandonada desde aquella noche en el estante más alto de su biblioteca y se pone manos a la obra.

Si visitas Dublín al atardecer es posible que te la encuentres, recorriendo sus calles, cámara en mano, buscando a Fred. No quiere creer que sea ella la última pelirroja de Irlanda.

Foto y ©: Rachael Crowe

Listen while you look…


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3 Comentarios

  • 1. Shaila Fornieles  |  19 junio 2017 - 10:55

    Me ha gustado tu relato y tu admiracion por los pelorrojos! Mi marido es ingles pero de ascendencia irlandesa y es pelirrojo, y mi hijo es igual que el….siempre me ha fascinado!

  • 2. sandrawriting  |  29 junio 2017 - 20:41

    ¡Gracias, Shaila! Estarás feliz con tus dos pelirrojos 😀 ¡Un abrazo!

  • 3. Amicuba  |  19 junio 2017 - 21:17

    Muchas gracias por compartir tu post. Me encanta ☺ Feliz tarde guapisima

    Un saludo desde:

    https://amicubasite.com/2017/06/18/invencible/

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