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22 febrero 2017

Entre dos aguas

Le persiguen las encrucijadas, siempre ha sido así. No es que le gusten, pero está tan acostumbrada a lidiar con ellas que forman parte de su vida y ya las asume hasta con cariño. Son como esos vecinos fisgones que si algún día no están en casa casi los echas de menos.

Cuando de pequeña se vio obligada a elegir entre vivir con su padre en el mar o con su madre en la ciudad supo que la infancia sencilla y despreocupada había terminado para ella. Y así fue.

Eligió la ciudad, sin pensarlo mucho, porque creyó que cuantas más vueltas le diera más complicado sería tomar una decisión; así que cerró los ojos y se dejó llevar por el instinto, que la condujo junto a su madre. Sabía que era una opción injusta, como también lo sería haberse inclinado por la otra alternativa; pero es que también era injusto tener elegir.

Desde entonces, como decimos, se ha movido a caballo entre el yin y el yang, el alfa y el omega, siendo a estas alturas una maestra en el arte de sobrevivir en cualquier circunstancia que se presente a su paso. No sólo eso, sino de salir airosa de ellas. Al menos así es a los ojos de los demás. A los suyos, a medida que ha ido creciendo siente que la cosa se ha ido desmadrando y que va perdiendo el control sobre sí misma sin remedio.

Su familia y sus amigos no se preocupan por ella; dan por hecho que es una valiente. Si hay algún problema se lo presentan el domingo en la sobremesa para que ella lo solucione en ese mismo instante. Y ella no sabe decir que no. Así que decide, decide, siempre decide, siendo honesta y ofreciendo la que considera mejor opción.

Verse obligada a tomar resoluciones constantemente, en su trabajo, en su familia, a cada paso que da, está acabando con ella. Hace ya tiempo que siente que se va vaciando poco a poco, que su batería interior está cada vez más baja. Sólo ella lo percibe, nadie más. Y por primera vez se da cuenta, como en un fogonazo de lucidez, de que siempre ha actuado en función de lo que los demás necesitaban, para ayudar a los otros, nunca pensando en sí misma. Y no ha sentido nunca que hubiera una reciprocidad, un feedback. Porque en el fondo a nadie le importa la gente que siempre está disponible. Eso es lo que está dejándola sin energía, sus reservas se van agotando y debe buscar el modo de recargarlas, de llenarse de luz de nuevo. Sólo así podrá seguir adelante y empezar a disfrutar de verdad, algo que no ha hecho desde que era niña.

De momento se va al mar. Ha tenido suficiente ciudad en estos años, demasiada incluso. El aire puro del norte le ayudará a buscar dentro de ella, a saber qué necesita y cómo proporcionárselo. Nadie entiende su decisión, pero eso es porque nadie se ha molestado en este tiempo de conocerla, de interesarse por sus necesidades. Y las tiene. Las va a cubrir por sí sola. Luego ya verá lo que hace.

Foto y ©: Myles Tan

Listen while you look…


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8 Comentarios

  • 1. Belen  |  22 febrero 2017 - 16:50

    Que texto más bonito!!! Me encanta como escribes 🙂

    https://lotofdots.wordpress.com/2017/02/21/fw-17-18-i-nyfw/

    Besos

  • 2. Caro  |  23 febrero 2017 - 09:22

    Precioso relato!!! Un beso!

  • 3. Asun  |  26 febrero 2017 - 10:55

    Me ha encantado y pienso de donde te viene esta reflexion.
    un beso.

  • 4. sandrawriting  |  27 febrero 2017 - 12:45

    Muchas gracias, Asun. Creo que la reflexión de esta entrada puede aplicarse a distintos tipos de relaciones. ¡Un beso!

  • 5. CAPRICHOYPLACER  |  27 febrero 2017 - 12:36

    La verdad que llena mucho a la hora de leer esa forma de escribir

  • 6. sandrawriting  |  27 febrero 2017 - 12:45

    Muchas gracias 😀

  • 7. Fernanda (@rosaframbuesa)  |  2 marzo 2017 - 12:24

    Que escrito tan bonito, recien acabo de entrar a tu blog y quedé enganchada con tu forma de escribir, parece que te transportas a lo que vas leyendo.
    Me quedo por aquí…
    Fer
    http://www.rosaframbuesa.com

  • 8. sandrawriting  |  2 marzo 2017 - 12:37

    Muchísimas gracias, Fernanda, qué ilusión tus palabras. ¡Bienvenida!

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