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13 febrero 2017

Sueño con Praga

Malá Strana, febrero de 2017.

Sueño con Praga y nunca he estado allí. De hecho nombro su pequeño barrio junto al mes corriente en el encabezamiento de esta carta dirigida a mí misma como si fuera real; y es que a veces no hay nada más real que los sueños.

Llueve en Madrid y yo sueño con Praga, la ciudad mágica, de la que todo el mundo habla, en la que todo el mundo ha estado, menos yo, que sólo sueño con ella. Los relatos sobre esta vieja ciudad son siempre románticos, con un punto de misterio. Y así la imagino también, romántica en el sentido antiguo, decimonónico, señorial tirando a decadente y con nostalgia de lo aún no vivido.

En mi sueño las gaviotas sobrevuelan el centro de la ciudad. ¿Crees que no hay gaviotas allí? Sí, aunque parezca raro, las hay, como también preciosos cisnes; ya sabemos que es una ciudad especial, donde no sólo lo previsible sucede. Praga es ciudad refugio, ciudad enigma, ciudad en la que encontrarse, buscarse al menos, y volver, si es que quieres volver, renovado. No mejor ni peor de lo que llegaste a ella, simplemente renovado. ¿Quién no necesita resetearse de vez en cuando, conocerse un poco más, hurgar en uno mismo, rascar bajo la piel a ver qué pasa, sentirse más “yo”?

Cuando llegas a una ciudad así y haces algo así puede pasar de todo, desde que vuelen alocadas las gaviotas sobre tu cabeza (también dentro de ella) hasta que pierdas la razón mientras callejeas por el centro y te transportas a otras épocas pasadas, al universo más kafkiano posible. Praga es un mundo paralelo, tan extraño como el que ideó su hijo más célebre en La metamorfosis, en el que de pronto todo cambia hasta la locura sin que encuentres el motivo y sin saber qué hacer para restaurar el orden inicial. Praga tiene la capacidad, el poder, de hacer ese tipo de cosas. Tú estás en sus manos, sus viejas y encantadoras calles son garras envueltas en delicados guantes que te llevan de un lado a otro a su antojo; tú no lo decides, aunque quieras creer que sí. Las torres del centro portan majestuosos relojes que no fallan nunca y que te hacen tomar conciencia a cada paso de lo implacable del tiempo, tú verás qué interpretación le das, qué mensaje sacas en claro.

Un paseo por Praga es un paseo por tu propio interior, sólo las personas más sensibles alcanzan a percibirlo y a comprenderlo, el resto simplemente se siente diferente al abandonar la ciudad, sin ser capaz de ir más allá o sin interesarse en tratar de comprender por qué. Quizá tampoco haya que comprenderlo todo, qué sé yo.

Sigue lloviendo en Madrid. El paraíso está en obras y yo sueño con Praga.

Foto y ©: Ricardo Rubio

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4 Comentarios

  • 1. Carina  |  13 febrero 2017 - 23:36

    Gracias q bello post. Tuve el privilegio de caminar x Praga, fue tan mágico estar allí. Llore cuando me fui, eran esas ganas de quedarme ahí para el resto de mis días.
    Y hoy solo sueño con el momento de volver a pisar sus calles.
    Me emociono tu post por que es lo que sentí.

  • 2. sandrawriting  |  22 febrero 2017 - 11:47

    Gracias a ti, Carina, por tu precioso comentario. Un abrazo.

  • 3. Belen  |  14 febrero 2017 - 11:17

    Yo estuve hace unos años en Praga y es una ciudad que parece sacada de un cuento de hadas es preciosa, muero de ganas por volver!

    https://lotofdots.wordpress.com/2017/02/14/grammys-2017/

    Besos

  • 4. sandrawriting  |  22 febrero 2017 - 11:47

    ¿Por qué será que todo el mundo quiere volver a Praga? 🙂 Gracias, Belén, un abrazo.

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