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1 febrero 2017

Pálido

Las bajas temperaturas están haciendo mella en su cuerpo. No tanto en sus pulmones, que también, como en su corazón. Pero él no se queja, nunca lo hace; total, sólo le duele cuando respira.

Sale cada mañana de su cabaña en medio de la nada a otear el horizonte y a despejarse del todo, aunque normalmente no duerme mucho. Se levanta justo antes del amanecer, él no es un midnight cowboy, sino uno de verdad, de los que madrugan.

Antes eran dos en la cabaña, pero desde hace demasiado tiempo el número de habitantes es impar, uno, concretamente. Ella se fue al ver que la vida en pareja no cumplía sus expectativas. Todo sonaba muy romántico antes de dejar la ciudad y embarcarse en una aventura camino de lo desconocido, de lo inexplorado, de lo único; una experiencia alejada de la gran ciudad que la vio nacer, una estancia sin fecha de caducidad junto al hombre de su vida, un chico de campo, fuerte y reservado, que rompió sus esquemas y al que no pudo decir que no.

Los primeros meses en el bosque fueron de buscarse y de encontrarse, de conocer al otro en la intimidad, en definitiva, de descubrimientos. Luego vino un periodo más de calma, de disfrutar el momento sin esperar grandes sorpresas, de ser conscientes de lo que tenían (el uno al otro y poco más) y de recrearse en ello.

Tenían un huerto que mimaban y que les correspondía con sus frutos y algunos animales que requerían mucho trabajo, pero que también les daban momentos muy divertidos, situaciones cómicas que los hacían reír hasta llorar; debido sobre todo al desconocimiento total de ella sobre cómo tratarlos.

Las noches fuera de la cabaña eran gélidas, lo opuesto a lo que sucedía dentro de ella. No había wifi, no había móviles, no había forma de conectar con el mundo exterior más que a la antigua, con una radio que sintonizaba poquísimas emisoras y una televisión en la que básicamente veían películas de Clint Eastwood. Él adora al actor y director estadounidense. Sí, lo adora. Sobre todo sus westerns, sus papeles de hombre duro, sus frases que dicen sólo lo que quieren decir, que suelta como cuchilladas.

Eastwood siempre ha sido un referente para él y a él se aferra ahora más que nunca, es su único amigo desde que se quedó solo. La cosa dejó de tener gracia mucho antes de que él lo sospechara siquiera. Ella nunca protestó, simplemente fue apagándose, cada vez deseaba menos estar allí con él y más estar en cualquier otra parte, rodeada de gente. Lo echaba de menos todo y a todos, su familia, sus amigos, escuchar las risas en los bares, recibir avalanchas de información a cada segundo por todas las vías imaginables, hasta el tráfico de Madrid lo echaba de menos; si la apuras, hasta la contaminación. El aire allí era tan sano que le parecía irrespirable para una chica de ciudad, hasta ese punto se estaba desenamorando del bosque y de paso de él.

Le dio la noticia de su marcha el mismo día que se iba, cuando al volver de echar un ojo a los animales se la encontró en la puerta con la maleta en la mano. Han pasado bastantes semanas desde entonces, ha perdido la cuenta. Y sigue saliendo al porche cada mañana temprano con la esperanza de verla aparecer por el horizonte.

Últimamente pasa mucho frío, más del habitual; mira en el espejo su rostro pálido y empieza a pensar en la posibilidad de que ella no regrese. Le duele el cuerpo y el alma y cree que debe empezar a cuidarse, a buscar su propio calor interior y a dejar de salir a la intemperie. Al fin y al cabo, como el propio Clint Eastwood decía en una de sus películas, morir no es forma de vivir.

Foto y ©: Elijah Hail

Listen while you look…


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5 Comentarios

  • 1. Belen  |  2 febrero 2017 - 12:00

    Que post más bonito me ha gustado mucho la reflexión, la música como siempre acorde 100%

    Nuevo post en https://lotofdots.wordpress.com/2017/02/02/january-favorites/

    Espero que os guste

    Besos

  • 2. sandrawriting  |  2 febrero 2017 - 12:07

    Muchas gracias, Belén; un besote 🙂

  • 3. Aran  |  7 febrero 2017 - 10:53

    Me ha encantado el relato; a mí tb me gusta mucho Eastwood!

  • 4. Alberto  |  12 febrero 2017 - 13:06

    Muy buen relato, me encanta el toque cinéfilo.

  • 5. sandrawriting  |  12 febrero 2017 - 13:16

    Muchas gracias, Alberto, Mr. Eastwood siempre suma 🙂

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