Twist and shot » La fotógrafa de trenes

21 noviembre 2016

La fotógrafa de trenes

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Listen while you look…

Una atracción inexplicable había llevado siempre a Laura a observar los trenes. Lo hacía desde pequeña, con veneración, con una suerte de abstracción que nadie, ni siquiera ella, entendía.

Nunca había viajado en ellos, le imponían demasiado y se limitaba a mirarlos, a verlos llegar, imponentes, a la estación central de su ciudad y, mejor aún, a partir poderosos hacia quién sabe qué destinos.

Le gustaba imaginar hacia dónde viajaban sus ocupantes, cómo serían sus vidas, si aquellos que habían subido al tren en pareja en realidad lo era, una pareja que se amaba, o si por el contrario el número dos no significaba nada para ellos, presos de la inercia que da la rutina.

También imaginaba a los niños jugando en los trenes, recorriendo alegres sus largos y estrechos pasillos, molestando sin querer a los viajeros más rancios, que no perdían la ocasión de quejarse del alboroto. Qué pena que no quede en esos adultos nada de lo que fueron, que hayan perdido todo el espíritu genial que nos regala la infancia, que traemos de fábrica.

A Laura los niños no le molestan, más bien le dan la vida, la llenan de energía y sonríe sólo con verlos jugar, tan espontáneos, tan libres. Ella sí mantiene todo eso, gran parte al menos, dentro de ella y lo sabe. No ha hecho nada especial por conservar esa inocencia feliz, pero le encanta llevarla consigo a todas partes.

Es fotógrafa profesional, porque disfruta capturando momentos importantes, que no tienen que ser extravagantes ni grandiosos. Le interesa más bien fijarse en los pequeños detalles, buscar la belleza en la cotidianidad, en el fluir de la vida, conservar esos mínimos instantes mágicos; y por eso fotografía los trenes.

De un tiempo a esta parte la necesidad de acudir a la estación se está haciendo más urgente, Laura lo nota. Es como si su vida no estuviera llena, como si en su corazón tuviera un agujero que poco a poco fuera aumentando su perímetro, dejándola sin respiración, obligándole a correr con su cámara a cuestas a la estación, donde siempre encuentra cierto alivio.

Laura no sabe qué le pasa, repasa sus fotos buscando respuestas. Ve en ellas vagones relucientes, otros machacados en vías muertas, maletas esperando en el andén, revisores uniformados, raíles brillantes y pulidos, pasajeros adormilados o con preciosas sonrisas localizando sus asientos… Y no encuentra lo que busca, porque no sabe qué busca.

Día tras día regresa a la estación a fotografiar los trenes llegar y partir y un día, al disparar su cámara algo dentro de ella hace también clic. Uno de esos trenes es el suyo; no sabía que esperara ninguno, pero ahora sí, está segura. Espera un tren que no anuncia su llegada, que quizá incluso llegue con retraso, pero ella no tiene prisa, porque sabe que es el que le llevará, por fin, a casa.

Foto y ©: Milada Vigerova


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