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16 junio 2016

Delfos

Twistandshot

Listen while you look…

Creo que fue Antonio Lucas… Sí, fue él, quien escribió hace unos días un artículo en El Mundo con un título de esos que te roban el aliento, “Escribir como si ardieras“. Hablaba en él del poeta Alberto Conejero y de cómo fueron sus inicios, yendo de un lado a otro para encontrarse, buscando su sitio. En esa columna había una frase que desde que la leí se ha quedado dentro mío como un arpón. La apunté en mi iphone y todo, aunque no habría sido necesario, me asalta en cualquier momento del día o de la noche, no la puedo olvidar. La frase en cuestión es “estuvo en Delfos por si le llegaba algún mensaje”.

Además de lo poética que me pareció me dejó impactada por esa idea de estar en el sitio apropiado, de quedarse por sentir que algo puede pasar allí, de abrirse de orejas y dejarse invadir por las cosas importantes que pueda haber para ti. Estar atenta a las señales.

Las señales lo son todo, lo malo es que a veces, aun siendo consciente de ellas, las dejamos pasar, la obviamos, hacemos como que no existen porque no nos conviene escucharlas, porque no nos dicen lo que queremos oír. Y es a posteriori, cuando todo está perdido, cuando nos damos cuenta de que nos estaban anunciando lo que iba a suceder a gritos.

La chica de la foto vive abierta a las señales, lo hace desde que una de ellas le advirtió que si seguía adelante con su rutinaria vida se daría cuenta demasiado tarde de que la habría tirado por la borda. Desde entonces camina por el alambre, ha rejuvenecido unos 10 años y gana peso o adelgaza según se vayan dando las cosas. Es cansado, pero también muy emocionante.

Ser consciente de que la vida es una sola es muy revelador y te pone al borde del abismo. De un fogonazo descubres, como le pasa a la chica de la foto, que es mucho mejor contemplar los atardeceres que fotografiarlos; disfrutar del momento sabiendo que va a pasar que tratar de congelarlo con el deseo de que perdure; quizá lo haga, sí, pero perdurará congelado, no cálido ni vibrante.

Esta chica rubia va a tirar hoy el móvil por la montaña a la que ha subido para ver cómo se oculta el sol. Ha estado mucho tiempo pendiente de él, de los mensajes que le enviaban a través de su dispositivo de última generación su jefe, su pareja de turno, sus conocidos, sus compromisos adquiridos no recuerda cuándo ni por qué. Las señales le han dicho que viva, que esté abierta a la vida, que se vaya de viaje consigo misma, que recale en Delfos, donde los mensajes que puede recibir son los buenos, los que te llegan a través de los sentidos, de la piel, sin pitido sonoro que los anuncie.

La chica de la foto sujeta el móvil en sus manos por última vez mientras deja que el viento mueva su pelo a su antojo. Y recuerda a otro poeta, Borges, que al final de su camino escribió que si pudiera volver a vivir empezaría a andar descalzo desde primavera y así seguiría hasta otoño. Y que si pudiera vivir nuevamente en su próxima vida trataría de cometer más errores. Ella está a tiempo de cometerlos en esta; y va a empezar hoy mismo.

Foto y ©: Léa Dubedout


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