Twist and shot » 12

21 marzo 2016

12

MatthewKane

Listen while you look…

Todo en ella es pura contradicción. Odia hacer deporte, pero va al gimnasio. Todos los días piensa que tiene que alimentarse mejor, pero muchas noches cena un bocadillo y aun así está delgada; ahí tiene suerte y lo sabe. La prueba definitiva de su contradicción: quiere ser una persona coherente, pero es consciente de que la mayor parte de las veces no sabe lo que hace. Ni lo que quiere.

Últimamente está escuchando mucho a Quique González. Esto no habría ni que comentarlo, mucha gente lo hace, lo que pasa es que ella se identifica con sus canciones, vive en algunas de ellas. Ahí ya empiezan los problemas. Si le sumas que lee a Nick Hornby y a Ray Loriga el resultado sólo puede ser el que es. Una bomba de hidrógeno esperado el momento de estallar.

Hace poco tiempo trasladaron la oficina en la que trabajaba a las afueras y como parecía bastante definitivo tomó la decisión de mudarse algo más cerca de la nueva ubicación. Su barrio actual, además de no gustarle nada, de sentir que no pertenecía a él, quedaba muy lejos.

Decidió también empezar a moverse en autobús. Adora conducir, pero ya hemos hablado de que es una chica contradictoria. Los primeros trayectos le resultaron muy aburridos, pero una mañana iba sentada junto a la ventanilla y cuando el autobús se detuvo en un semáforo una puerta negra llamó su atención. A un lado el número 12 y al otro un tipo que la observaba.

La mañana siguiente, martes, a la misma hora, el mismo chico parecía estar esperándola. Ella se fijó más en él, también lo hizo el miércoles, el jueves y el viernes, cuando él le hizo señas para que bajara del autobús. Pasó todo el fin de semana pensando lo loco que sería hacerlo, bajarse. Quedó con sus amigas, salió a cenar en familia, paseó por el parque, pero su mente no se despegó ni un momento de aquel tipo. Soñó con esa casa de piedra, con su propietario, dueño también de unos ojos intimidantes y de un pelo de león; soñó con el número doce, que pasaba del uno, el número más solitario que existía, al dos, el mejor acompañado. Podría tratarse de una señal. O más probablemente, de nada en absoluto.

No tenía ni idea de qué hacer. Pensó que el invierno había sido largo y que había comenzado la primavera. Pero también que con ella la gente podía descontrolarse más de lo aconsejable y luego sufrir las consecuencias. No tenía nada claro, todo era confusión.

Buscó ayuda en Ray Loriga y en Nick Hornby. El primero le recordaba en su libro Héroes que “la chica rubia no quiere que le hagan más daño”, pero Nick Hornby, más optimista, le contaba en su novela Juliet desnuda, que “durante la mayor parte de las décadas que ya había vivido había creído que no hacer cosas prevenía y evitaba de algún modo el dolor, cuando, por supuesto, lo cierto es que ocurre todo lo contrario”.

Era el turno de Quique González, él tenía que desempatar. Puso su nuevo disco, Me mata si me necesitas. Su título, de doble sentido, uno u otro según lo quisieras interpretar, no se lo ponía fácil. Pero le dio al play y empezó a sonar el primer tema, Los detectives y en sus dos últimos versos encontró la respuesta.

Por eso hoy, lunes, ella ha madrugado más de lo habitual y con las manos en los bolsillos espera nerviosa pero ilusionada en la puerta negra de la casa de piedra, bajo el número 12.

Foto y ©: Matthew Kane


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2 Comentarios

  • 1. Noelh  |  23 marzo 2016 - 16:43

    Hola Sandra!

    Me apunto estas dos lecturas!!
    Y Quique González un descubrimiento….

    Felices fiestas.

  • 2. sandrawriting  |  24 marzo 2016 - 19:28

    Hola, Noelh! Apúntantelas, sí, te van a gustar 😀 De Quique González podría hablarte horas, ¡me encanta su música! Un abrazo, felices vacaciones.

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