Twist and shot » El crimen perfecto

14 diciembre 2015

El crimen perfecto

helga-weber

Listen while you look…

Se mueve por las transitadas calles de la ciudad seguro de sí mismo. Sus pasos firmes y elegantes, ni cortos ni largos, pero tirando a largos, hacen que las miradas de la gente se centren en él, en su figura, en su porte que destila autoestima y confianza. Es un triunfador, no hay ninguna duda. Y lo sabe.

Esta noche tiene una cita con una chica guapa y cariñosa, pero, a diferencia de él, la confianza en sí misma no es su fuerte. Intenta que las cosas funcionen trabajando en ellas, cree que el karma no es suficiente. Eso se lo ha enseñado la edad. Si alguna vez pensó que la vida te devolvía aquello que le dabas hoy ya no lo tiene tan claro. Piensa que hay que dejar una buena huella, bonita y delicada, en la gente que comparte de algún modo nuestro camino, claro que sí; pero también que ese no es motivo suficiente para recibir el mismo trato. La experiencia así se lo ha hecho saber en numerosas ocasiones, abofeteándola con la realidad en la cara una y otra vez.

La chica guapa piensa en estas cosas mientras recoge su pelo y se maquilla lo justo frente al espejo de su habitación. Sobre su cama, el vestido de manga larga pero cortito y ligero que ha elegido para esta noche. Lo acompañará de una chaqueta asimétrica y de unos botines de un tacón finísimo, que siempre ayudan.

Una vez lista sale de casa dando el portazo habitual y baja las escaleras a toda velocidad. Sus piernas fuertes y esbeltas tienen tanto que agradecer a esas escaleras… Coge un taxi al vuelo y se dirige hacia el centro, al bar elegido por él para encontrarse. Unas copas, unos pinchos, unas risas, la noche pinta muy bien. Y continuará así. Él parece tenerlo todo controlado, se maneja a la perfección en las distancias cortas, sabe controlar los tiempos y ella ahora no piensa, es consciente de que no está pensando y de que se está dejando llevar; y se recrea en ello, lo disfruta. A veces es tan agradable hacerlo.

Cuando mira el reloj son las 6 de la mañana. Gracias a Dios estamos en invierno y es noche cerrada, pues detesta volver a su casa al amanecer. Se despide de él haciendo un esfuerzo sobrehumano, porque se quedaría pegada a su piel el resto de sus días; y busca un taxi en el que regresar a su guarida, a su pequeña habitación de la que se alejó hace sólo hace unas horas, pero que ahora mismo le parece extraña, así de intensa ha sido la cita.

Los siguientes días la magia continúa. De hecho, parece estar hechizada por él. Hablan constantemente, se ven todo lo que pueden, bailan, se besan, se tocan; y cuando las responsabilidades cotidianas les impiden hacer cualquiera de estas cosas sus mentes siguen funcionando en el mismo código, pensando el uno en el otro. Así lo vivía ella y así estaba convencida de que era, no podía imaginar otra cosa.

Un día cualquiera, creo que fue un jueves, él desapareció. Dejó de dar señales de vida, fue como si se hubiera evaporado. Ella temió que hubiera sufrido un accidente y se dio cuenta de que no tenía a quién llamar para preguntar por él. Mientras que sus amigos le conocían, de los de él no se sabía nada, ni siquiera si existía alguno. Y sí, existen, pero no se prestan a conocer a las chicas con las que sale. Se han cansado. Ya no más.

Hace unos días ella volvía a casa del trabajo y le vio caminando estiloso y decidido por una de las calles que solían frecuentar. Una chica le acompañaba a los pasos y a las risas, parecían muy felices. Y se dio cuenta con espanto de que tenía frente a ella a un asesino profesional. Porque desde que él se esfumó lo suyo no se podía llamar vida, era otra cosa. Aparentemente seguía con sus rutinas del día a día, era eficiente en su trabajo, charlaba con sus compañeros, iba al cine, comía los domingos con sus padres. Y nadie sospechaba nada. Pero por dentro estaba vacía, sentía que había dejado de vivir.

Desde que le vio con aquella chica vuelve pronto a casa, se abraza a sus piernas y hace lo que puede en su papel secundario dentro de una película de suspense, en la que el protagonista es él. El hombre que había conseguido lo que ningún otro, perpetrar el crimen perfecto.

Foto y ©: Helga Weber


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8 Comentarios

  • 1. Caro  |  14 diciembre 2015 - 14:01

    Como siempre me ha encantado el relato. Como la vida misma! Bss!!

    http://basadoenhechos.blogspot.com.es

  • 2. sandrawriting  |  14 diciembre 2015 - 20:44

    Muchas gracias, Caro! Un besazo! 😀

  • 3. Isla Harper  |  15 diciembre 2015 - 11:34

    Lo he leído de principio a fin, con mucho suspense.

    Cuando alguien nos niega, acaba con nosotros de la forma más cruel.

    Espero que ella se sobreponga pronto 😉

  • 4. sandrawriting  |  15 diciembre 2015 - 11:45

    Entregarse y recibir indiferencia siempre me ha parecido justo eso, de lo más cruel. Es ficción total, no hablo de nadie en concreto, pero todo el apoyo para aquel a quien le pase algo así. Porque pasa. Gracias, Isla, yo sigo admirando tus dibujos ; )

  • 5. sara  |  15 diciembre 2015 - 13:31

    Es la primera vez que te leo, grata sorpresa ¡ sigue así ! un saludo!!!

  • 6. sandrawriting  |  15 diciembre 2015 - 13:51

    Muchas gracias, Sara. Bienvenida! 🙂

  • 7. Nuria  |  15 diciembre 2015 - 21:20

    Lo que me gusta de tus relatos es la forma de expresar las emociones. Son tan reales que duelen. Una pasada, como siempre.

  • 8. sandrawriting  |  15 diciembre 2015 - 22:03

    Uau, muchas gracias, Nuria. Me alegra un montón que te gusten, de verdad. Comentarios como el tuyo me dan mucha energía. Abrazos! 🙂

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