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10 noviembre 2015

Tickets de gasolineras

BoudewijnBerends

Listen while you look…

Tengo marcapáginas por todas partes. Mi casa entera es un marcapáginas, a la espera de que entren nuevos libros por la puerta para recibirlos con todos los honores. Sin embargo, cuando los necesito no los encuentro y ahora mismo estoy utilizando como punto de lectura el recibo que me dieron hace un par de días en la gasolinera. Es un poco vergonzoso estar leyendo un libro fantástico de Belén Gopegui y tener que poner entre sus páginas un ticket arrugado; pero a la vez tiene algo de sentido, porque creo que a ella le parecería bien.

Belén Gopegui es mi escritora española favorita. De lejos. Tiene una mente tan rica y una facilidad para expresar gráficamente todo tipo de pensamientos, uno detrás de otro, a cual más revelador… Sus metáforas son siempre brillantes y sorprendentes. Me fascina.

Ahí va una de sus frases. Casi al azar, no es la mejor, sólo un ejemplo de por dónde te puede llevar si te adentras en su universo: “Ella no tenía ninguna pasión por la justicia absoluta y desencarnada tal como la tuvo Simone Weil. No lograba siquiera concebir lo desencarnado ni lo absoluto. Creía, por el contrario, en el café con azúcar y en la bondad del término medio”.

Qué importante es tener un universo particular; en principio está al alcance de todos, pero son muy pocos los que lo consiguen, lo que son capaces de crear un mundo con identidad propia, símbolo de una riqueza interior admirable. Ella lo tiene, claro.

También una chica de la que me hablaron no hace mucho tiempo. Es de las que piensan que cuando lo has perdido todo siempre te quedará lo más importante, la dignidad. Porque conservarla sí dependerá siempre de ti, nunca de otras personas ni de tus circunstancias.

Nuestra protagonista intenta no dejarse llevar, pero raramente lo consigue. Su pensamiento lógico, que lo tiene, funciona para los demás, es buenísima dando consejos, la claridad con la que ve las cosas y cómo actuar ante ellas es apabullante. Pero con ella no da tan buen resultado. Es algo así como lo que pasa con los psicoanalistas, que cuando algo los perturba tienen que acudir al psicoanalista, no se lo pueden solucionar ellos mismos. Qué faena, ¿no? Pues sí.

El caso es que muy a su pesar conoció a un chico en una gasolinera. Muy a su pesar no por que hubiera sucedido en una gasolinera, sino porque ella no tenía intención de conocer a ningún chico y mucho menos a uno que le gustara. Pero así son las cosas. Él repostaba gasoil y ella intentaba a duras penas lavar su coche, ya que habían cambiado la máquina de lavado y no le había cogido el punto aún a esas nuevas pistolas disparadoras de agua jabonosa. Al chico en cuestión el tema de verla peleándose con aquellas mangueras del demonio le hizo gracia y después de reírse un rato que a ella le pareció innecesariamente largo se decidió a ayudarla. Despues de eso, qué contar, intercambio de teléfonos, nerviosismo esperando la llegada de algún whatsapp, quedar a tomar un café, decidirse a contarle su vida, escuchar con interés la suya… Todos los principios se parecen y casi siempre son lo más emocionante de las relaciones.

Lo malo es que después de ellos se llega a una meseta, un paisaje llano, un cambio a una marcha más larga y un relax que puede gustarte mucho (esos parajes desérticos, esos campos de Castilla) o puede dirigirte sin remedio al tedio más absoluto.

Esto último es lo que le ocurría a este chico; y ella, al igual que todas las mujeres que anteriormente habían pasado por su vida, lo descubrió tarde.

Él se aburría. Las chicas se enamoraban de él y entonces él se aburría. Después de que ella le confesara estar entregada, haber apostado ya todo lo que tenía y lo que no tenía también a su relación, él le hizo otra confesión, le dijo adiós. Un adiós escueto que convirtió en hielo todo lo que hasta ese momento había sido cálido y acogedor.

Ahora ella coge menos el coche. Le recuerda a él. Se mueve en moto y hace viajes largos por carreteras y caminos perdidos y solitarios que se confunden con el horizonte. No quiere que nada ni nadie le distraiga en su camino, porque ella sí aprecia la tranquilidad que le ofrecen los parajes llanos y deshabitados, de aspecto casi lunar. Su destino es del todo desconocido y ella ahora es más desconfiada, pero no tanto como para no dirigirse hacia él.

Foto y ©: Boudewijn Berends


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6 Comentarios

  • 1. Caro  |  10 noviembre 2015 - 09:08

    Qué bonito y qué cierto!!! A veces te hacen tanto daño que huyes de una posible felicidad. Bss!!

    http://basadoenhechos.blogspot.com.es

  • 2. sandrawriting  |  10 noviembre 2015 - 12:00

    Muchas gracias, Caro! Un abrazo grande! : )

  • 3. Noelh  |  10 noviembre 2015 - 18:36

    Hola Sandra!!

    Gracias por la oportunidad de descubrir a una autora. Siempre es excitante leer a alguien nuevo, y si lo aconsejas, seguro que me encantará.

    Un abrazo enorme!!

  • 4. sandrawriting  |  10 noviembre 2015 - 20:18

    Noelh! Te va a encantar, estoy segura. Ya me contarás, please… ¡Un abrazo grande de vuelta! 😉

  • 5. Patricia  |  12 noviembre 2015 - 14:21

    Hola, podrías indicarme el nombre del libro en cuestión. Gracias!!

  • 6. sandrawriting  |  12 noviembre 2015 - 15:22

    Hola, Patricia! Todos los suyos son geniales, pero del que hablo aquí se titula “El padre de Blancanieves”. ¡Buenísimo! : )

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