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3 noviembre 2015

Gente que lo intenta

Lauren-Nelson

Listen while you look…

Es de esa clase de chicas que lo intenta. Ante cualquier cruce de caminos elige el menos transitado, el más pedregoso, el que no tiene claro adónde le llevará. Puede que al final del mismo le espere el dolor más agudo o quizá un destello de felicidad, no lo sabe, pero allá va. No es una temeraria, ni una suicida emocional, al menos no conscientemente, pero no puede evitar ir a la contra, moverse más por lo sentimental que por lo racional. Y comprueba con sorpresa que esto con la edad no cambia, lo que le asusta bastante.

Vive sola y no le va mal así. Sus relaciones, que no han sido numerosas ni duraderas, pero sí terriblemente intensas, le han dejado huella. Todas lo han hecho. Y sigue pensando en aquellos hombres que la abandonaron; en los que ella abandonó no.

En el trabajo todo es un poco gris. Va a su oficina, permanece allí de 8 a 3 haciendo lo que se espera que haga y se esfuma hasta el día siguiente. Así de lunes a viernes desde hace un montón de años.

Al contrario que en el amor, en el que se entrega a tope, en el trabajo pone el piloto automático y desconecta. Sus jefes nunca le han hecho sentirse a gusto y sólo ve su empresa como el ente que le da los dos mil euros que necesita para sus gastos mensuales. Se los gana, claro que sí, pero no da ni una pizca más de lo que se le pide. Y podría hacerlo.

Los domingos son sus días favoritos. Los emplea en leer, en pasear, en sentarse en un banco a ver la puesta de sol, en airearse y en aclarar ideas. Charla con amigas, sale a comer con su familia, descansa y se reconcilia con el mundo para poder ponerse en marcha de nuevo a la mañana siguiente.

Hace tiempo, después de su último fracaso sentimental (no tengamos miedo a la palabra fracaso) se prometió a sí misma darse un respiro. Retirarse del amor, obviarlo, hacer como que no existe o, al menos, que no está ahí para ella. El daño había sido demasiado profundo, sentía que si seguía así llegaría el día en que no podría recuperarse y caería en un pozo sin fondo del que sería imposible salir.

Su propósito era curarse del amor y cuidarse, protegerse para no volver a caer en él. Porque había comprobado en su propia piel que el amor se ríe de ti y te destruye. No. A ella no le volvería a pasar.

Puso en marcha un estudiado protocolo anti-sentimientos. Dejó de ver comedias románticas, de escuchar ciertas canciones que le recordaban a ellos, de leer libros para los que no estaba preparada y de frecuentar las redes sociales. Así, con ese caparazón en el que rebotaría cualquier amenaza emocional, se propuso seguir con su vida. Una vida tranquila y en paz, no quería nada más.

Las primeras semanas todo fue más o menos según el plan establecido. Normalidad total, ausencia de dolor, anestesia general. Y entonces de forma completamente imprevista surgió una nueva oportunidad laboral. Su empresa se expandía al otro lado del océano querían que ella dirigiera la nueva oficina en Buenos Aires. Sin pensárselo mucho dijo sí. Y una mañana de frío invernal llegó al aeropuerto de Barajas, se subió a su avión de Aerolíneas Argentinas y al aterrizar se encontró con una espléndida tarde de verano. No sólo debido a la temperatura bonaerense, siempre contraria a la madrileña, sino al compañero de viaje con el que pasó charlando las doce horas que duró el vuelo. Era algo mayor que ella y volvía a su ciudad natal después de supervisar que todo funcionara en el hotel que la firma para la que trabajaba había inaugurado en Madrid. También estaba solo. También quería seguir estándolo. Y los dos bajaron del avión sabiendo que habían fallado en su propósito de mantener su corazón a salvo.

Volverse contra su esencia impetuosa e irracional no había funcionado; en el fondo siempre habían sabido que no tenían ninguna posibilidad, luchaban contra su yo más íntimo y sólo podían perder. Ahora una nueva historia comenzaba para los dos, una historia en común en la que podía pasar de todo, ese dolor agudo o ese destello de felicidad. Y se lanzaron al vacío. Y fueron a por todas. Porque a veces no se puede hacer nada más y nada menos que eso, intentarlo.

Foto y ©: Lauren Nelson


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4 Comentarios

  • 1. Marisa  |  3 noviembre 2015 - 10:41

    Brillante… Me ha encantado. Te daré mi corazón para que escribas sobre él. Smuack!

  • 2. sandrawriting  |  4 noviembre 2015 - 11:32

    Jajaja! Versión libre de la canción de Los Rodríguez, no? 😀 ¡Gracias!

  • 3. Noelh  |  3 noviembre 2015 - 18:52

    Hola Sandra!

    Les irá bien.

    Deseando saber algo de tu libro.

    Un abrazo!!

  • 4. sandrawriting  |  4 noviembre 2015 - 11:35

    Hola, Noelh! Sí, vamos a pensar que les irá bien : )
    El libro entregado a la editorial esta misma semana. ¡Por fin! Ahora falta todo el tema del diseño y en poquitos meses lo veremos en las librerías. Lo he contado muy pronto y ahora la espera se va a hacer larga…
    Muchas gracias por preguntar, un abrazo!

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