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3 junio 2015

Rojo obsesión

martaNorgaard

Listen while you look…

Conocí al hombre con el que me casé en la puerta de un museo. Yo salía del recinto acompañada de mi amigo Javier cuando nos encontramos con él, conocido de Javier y completo desconocido para mí. La presentación de rigor fue rápida y la despedida también. No me dejó ninguna huella. Seguí con mi vida y no volvimos a vernos hasta que Javier, que sí le siguió la pista más de cerca desde aquel encuentro, organizó una fiesta en su casa y los dos fuimos invitados.

En aquella fiesta el hombre con el que me casé tampoco es que me impactara, pero sí captó mi atención y a partir de ese día empezamos a vernos más a menudo. Tan a menudo que llegó el día en que decidimos casarnos. Sin demasiado romanticismo de por medio, ahora que lo pienso, pero casarnos, al fin y al cabo. Casarnos, nada menos.

La ceremonia fue correcta, todo transcurrió sin contratiempos y tras ella celebramos una fiesta formal y elegante, llena de amigos y familiares formales y elegantes. Javier ejerció de padrino y estaba entusiasmado, contando a todo el mundo que gracias a él ahora estábamos todos allí, celebrando una nueva unión. Así de cursi podía llegar a ser con unas copas de más.

El hombre con el que me casé era detective privado, creo que aún no lo había comentado. Sí. Era experto en asuntos de infidelidades. No tenía horario fijo, trabajaba tanto de día como de noche, tanto de lunes a viernes como los fines de semana, según las necesidades del caso que estuviera llevando. Tampoco era raro que saliera de viaje sin fecha de vuelta, siguiendo alguna pista que no sabía hasta dónde le llevaría.

Yo lo tenía asumido, me parecía perfecto y estaba acostumbrada a pasar bastantes días y bastantes noches sola en casa, donde además trabajaba realizando traducciones del francés al castellano para una editorial. Mi vida social se redujo al mínimo desde entonces. Mis amigos habían dejado de salir en grupo para organizar cenas de parejas y yo, que casi siempre estaba sin la mía, no entraba en sus planes. Creían que si me invitaban me sentiría incómoda. La incomodidad del número impar. Nunca protesté, pero aquel vacío que escondía condescendencia y hasta pena sí que me hacía sentir infeliz.

El trabajo de detective conlleva unas esperas tremendas, se hacen eternas porque nunca sabes cuándo van a terminar y eso es lo peor de todo. El hombre con el que me casé se pasaba las horas muertas en el coche, en frente de un portal, de un hotel, de un edificio de la administración pública, vete tú a saber… Cuando trabajaba de noche y estaba dentro de su coche esperando que algo interesante sucediera a veces me enviaba fotos de la gente que pasaba por la calle en ese momento: algún chaval pasado de rosca buscando su casa, una mujer con tacones y un abrigo hasta los pies corriendo, un hombre de aspecto taciturno esperando en una farola, como él esperaba en el coche… Y juntos imaginábamos cómo eran sus vidas. Por qué el chaval había bebido esa noche, celebrando que su equipo había ganado un partido crucial; por qué la mujer corría, con prisa por volver a casa del trabajo y abrazar a su hija antes de que se durmiera; a quién esperaba el hombre de la farola, a aquella chica que veía cada noche en la ventana del edificio de enfrente y que nunca se animaba a bajar a pasear con él…

Era un entretenimiento bonito, con un toque romántico, que me hizo enamorarme cada día más del hombre con el que me casé. Justo cuando estaba ya emocionalmente entregada a él, como ya digo bastante tiempo después de la boda, su comportamiento cambió. Quizá fue poco a poco, pero yo percibí algo raro desde el primer instante. Sus trabajos nocturnos aumentaron y su envío de fotos con historias inventadas disminuyeron. El corazón empezó a dolerme por sorpresa. De un modo intenso, tan agudo que resultaba paralizante. Empecé, sin poder hacer nada por evitarlo, a verlo todo de color rojo; rojo celos, rojo obsesión.

Durante nuestra convivencia había aprendido muchos trucos de su profesión y descubrí que yo podía ser tan buena detective como él. Comencé a investigarlo, a seguir todos sus movimientos, a revisar sus objetos personales, su ropa, su mundo entero. Por eso ahora estoy aquí, frente al museo donde le conocí, pensando si aquel encuentro fue una bendición o una condena para mí. Hago guardia en el coche, con el pelo rojo encendido y la cámara de fotos a punto. Espero que salga por la puerta de ese museo. De que lo haga solo o acompañado dependerá el resto de nuestras vidas. Yo estoy lista para disparar.

Foto y ©: Marta Norgaard


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17 Comentarios

  • 1. Caro  |  3 junio 2015 - 09:11

    Muy buen relato. Muy redondo!

  • 2. sandrawriting  |  3 junio 2015 - 15:28

    ¡Gracias, Caro! : )

  • 3. Aran  |  3 junio 2015 - 10:01

    Me ha encantado!

    saludos

  • 4. sandrawriting  |  3 junio 2015 - 15:28

    Muchas gracias, Aran, saludos de vuelta. : )

  • 5. Marisa  |  3 junio 2015 - 18:03

    impresionante una pasadaaaaa

  • 6. sandrawriting  |  8 junio 2015 - 17:40

    ¡Gracias! : )

  • 7. paola  |  3 junio 2015 - 22:18

    Muy buen blog!!
    Visiten el mío es http://locuentodo.blogspot.mx/
    yo apenas empecé, me falta pero muuuucho para tener un buen blog pero visiten a ver que les parece, todo es sobre mis experiencias.
    Besos.

  • 8. JessicaM  |  3 junio 2015 - 23:19

    Acabo de leerlo sin esperar mucho y me encantó.
    Saludos desde Buenos Aires!

  • 9. sandrawriting  |  8 junio 2015 - 17:40

    jaja! Me alegro, muchas gracias. Saludos desde Madrid City!

  • 10. Cristina  |  4 junio 2015 - 09:40

    Me ha gustado un montón.

  • 11. sandrawriting  |  8 junio 2015 - 17:39

    Muchas gracias, Cristina. : )

  • 12. Noelh  |  4 junio 2015 - 12:49

    Hola Sandra!!!

    Siempre me dejas una frase en cada relato que apunto en mi memoria. “El corazón empezó a dolerme por sorpresa”, me ha encantado…
    Elegante, como siempre.

    Un abrazo!

  • 13. sandrawriting  |  8 junio 2015 - 17:39

    Muchas gracias, Noelh, siempre tan encantadora en tus comentarios. ¡Otro abrazo!

  • 14. Marisa  |  5 junio 2015 - 09:46

    Una historia muy especial…me ha encantado!!!

  • 15. sandrawriting  |  8 junio 2015 - 17:38

    Me alegro mucho, ¡gracias!

  • 16. Ana  |  11 junio 2015 - 12:53

    Me ha encantadooooooooooooooooo!!!
    Te sigo desde la primera historia y es la primera vez que comento, no he podido resistirme! 🙂

  • 17. sandrawriting  |  11 junio 2015 - 13:00

    ¡Gracias, Ana, qué ilusión! No te resistas, comenta cuando te apetezca que a mí me encanta el feedback : )

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