Twist and shot » El miedo desconocido

21 mayo 2015

El miedo desconocido

ashleycampbellsmilelikeyoumeanit

Listen while you look…

Con ganas de verano. Era la última línea del email que recibió Isabel esa misma mañana. Encendió el móvil a eso de las 7 a.m. y saltó la alarma de un nuevo email, sacándola de su somnolencia. Antes de esa última línea había algunas más, no muchas, en las que un desconocido contaba detalles de su último desamor y pedía perdón y pedía volver.

Por más que pensó de quién podría proceder el email no se le ocurrió nadie, la única posibilidad era que quien lo enviaba se hubiera equivocado de destinatario. ¿Qué hacer ahora? ¿Contestar o ignorarlo? Bastante ignorado estaba ya el remitente, la verdad, en el mensaje quedaba claro que la chica a la que amaba no le correspondía. Bueno, al menos ella le contestaría para que pudiera volver a dirigirse a la persona correcta. Fue algo así como “lo siento, pero te has equivocado, no soy la Isabel que buscas, debemos de tener direcciones de email parecidas. Suerte”.

Ahí quedó todo e Isa se dispuso a salir a toda prisa al trabajo después de apurar de pie en la cocina su habitual café. Mientras cerraba la puerta de su casa oyó que empezaba a sonar el teléfono y por un segundo dudó si entrar a cogerlo o no, pero optó por seguir dando vueltas hacia la izquierda a su llave y salir pitando a la calle. Las únicas llamadas que recibía ya en el fijo eran de sus padres, de su tía o de todo tipo de compañías de telefonía y de bancos ofreciéndole productos que no le interesaban. Y si sus padres o su tía tenían algo urgente que decirle la localizarían en el móvil.

Transcurrió el día, de lo más intenso, en el cubículo gris en el que trabajaba más horas de las estipuladas y volvió a casa hambrienta. Se descalzó nada más entrar, como siempre; a veces tenía que hacer un esfuerzo por no quitarse los zapatos en el ascensor y sabía que sufría cierta ansiedad por detalles como ese. Cuando estaba preparándose un sándwich el teléfono fijo volvió a sonar. Al otro lado, un tal Alberto se presentaba alegremente.

– Disculpa, creo que te has confundido de número, no conozco a ningún Alberto.

– Sí, si hemos intercambiado emails esta misma mañana.

Silencio incómodo. Isabel ató cabos mentalmente y cayó en que su cuenta de email llevaba fijada su firma, con su número de teléfono bajo su nombre. Error. Pero ya poco o nada podía hacer.

Alberto quería que se vieran, le había gustado la foto de perfil que tenía en su cuenta. Isabel dijo no, le pidió que no volviera a llamar y se despidió cortante. La gente está fatal, pensó en voz alta, y volvió a lo importante, su sándwich.

Esa noche le costó conciliar el sueño. Y cuando lo consiguió soñó cosas inconexas, imágenes sin sentido que le alteraron muchísimo y la despertaron varias veces. Estaba intranquila, sentía que algo no encajaba. Se levantó y fue hasta el ordenador, siempre encendido. Abrió su cuenta de email y vio su foto de perfil. La había subido ese mismo día desde el trabajo, en su pausa para el café. En ella se veía muy sonriente y alegre y por eso le gustó. Se la hizo su mejor amiga el fin de semana anterior, cuando charlaban relajadas en un parque al caer la tarde. Se fijó un poco más en la foto y vio que detrás de su sonrisa aparecía un hombro masculino. Le pareció amenazante y le asustó la idea de que fuera el hombro del chico del email, del chico que había tenido el atrevimiento de llamarla por teléfono. Recordó su voz y le dio miedo. Con seguridad no era él, no se habían visto, pero ya se sabe que el temor es irracional, más aún en la oscuridad y el silencio de la noche, como era el caso.

Isa apagó por primera vez desde hacía meses el ordenador. También apagó el móvil, volvió a la cama y se hizo un ovillo bajo su colcha. Pensó que había demasiados datos y detalles sobre su vida campando a sus anchas por ahí, en el espacio virtual, esperando ser descubiertos. Tenía que poner coto a eso o se exponía a seguir siendo intimidada de nuevo. Se vio desprotegida e indefensa… vulnerable. Creía tener a su alrededor una barrera protectora, pero alguien la había derribado y podría volver a suceder. Isabel no tenía ganas de verano. No si era de cualquier manera. Ni a cualquier precio.

Foto y ©: Ashley Campbell


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4 Comentarios

  • 1. Noelh  |  21 mayo 2015 - 13:23

    Hola Sandra

    A veces da miedo lo fácil que es estar desprotegidos.
    Buena historia para pensar.

    Un saludo,

  • 2. sandrawriting  |  21 mayo 2015 - 20:51

    Hola, Noelh! Sí, demasiado fácil, nos “desprotegemos” nosotros mismos ¡y tan felices!, sin darnos ni cuenta. OTro saludo! : )

  • 3. El Vestidor de Lena  |  21 mayo 2015 - 19:34

    Me ha gustado mucho, a veces no nos damos cuenta de todos los datos que damos por internet y que se quedan ahí… Un saludo

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  • 4. sandrawriting  |  21 mayo 2015 - 20:50

    Así lo veo yo también. Gracias, otro saludo para ti : )

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