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15 abril 2015

La pareja del bar de abajo

the kiss

Listen while you look…

Alicia lleva cada día a su hija al colegio. Madrugan, desayunan, se visten a toda prisa y se montan en el coche esperando no encontrar demasiado tráfico esa mañana. Al llegar a la entrada del cole su hija a veces sale corriendo sin mirar atrás y a veces se agarra de su mano como si fuera un bote salvavidas y van caminando juntas hasta llegar a la puerta de su pabellón. Alicia no sabe qué impulsa a su hija a decantarse cada día por una u otra opción, pero le gusta más cuando elige la segunda.

Después vuelve sola a casa, donde recoge un poco los restos del naufragio y se sienta frente a su ordenador esperando que la inspiración, divina o humana, aparezca y le ayude a cuadrar los balances que su jefe le ha pedido desde la oficina de Londres. A eso de las 12, después de maldecir a las musas de la economía por fallarle una vez más, abre la ventana de su pequeño balcón y se entretiene mirando a la pareja que se besa y toma café en la terraza del bar de abajo.

Parecen felices, están relajadísimos, en conexión total y alejados del resto del mundo. No existe para ellos nada más. Alicia no recuerda la última vez que se sintió así, desde luego no lo hacía actualmente, con una vida estresada y caótica y con un marido con el que apenas se comunicaba. Desde hacía bastante tiempo una idea tonta daba vueltas por su cabeza. Intentaba rechazarla, quitársela de encima, pero en los momentos menos oportunos le asaltaba por sorpresa: entre “casada” y “cansada” sólo había una “n”, una n de nada.

Pensó en cómo se encontrarían en ese momento el chico y la chica de la terraza, de qué hablarían, en lo profundos que serían sus sentimientos, quizá fueran tan intensos que les costaría respirar. Quizá no pudieran evitar besarse al verse. Quizá no quisieran hacer otra cosa que verse.

Todo eso ella lo había sentido en algún momento, años atrás. No fue con su marido, fue con otro amor. De pronto el recuerdo de ese chico le atravesó de lado a lado, como un estallido, como una carga de profundidad. Se acordó de su pelo rizado que tanto le gustaba acariciar, de sus viejas zapatillas que le daban un aire tan divertido, de su forma de andar, desenfadada y única. Nadie andaba como él. También se acordó de las risas y de los momentos de intimidad con él. Y de la música que descubrieron juntos. Hacía tiempo que Alicia no escuchaba música. Ni siquiera se la ponía de fondo los fines de semana o cuando estaba trabajando sola en casa, como ese día. Y eso le hizo sentirse triste. Reconoció que su esencia era justo aquello que había dejado atrás. Y de algún modo, por pequeño o simbólico que fuera, quería recuperarlo.

Aunque la pareja de abajo no lo necesitaba, Alicia quiso hacerle un regalo por haberla animado, aun sin saberlo, a pensar en sí misma. Por eso se dirigió al armario donde guardaba sus viejos discos. Dio con el que buscaba, Tunnel of love, de Bruce Springsteen. Miró el año de su publicación, 1987, qué locura, habían pasado 28 años. Lo colocó sobre el plato del tocadiscos que se había negado a tirar en la última mudanza pese a la insistencia de su marido y dirigió la aguja hacia el segundo surco de la cara A. Subió el volumen, abrió del todo la ventana del salón y dejó que Springsteen pusiera su música a disposición de la pareja del bar.

Volvió a sentarse en su mesa, algo le decía que ahora el balance iba a cuadrar. Cuando enviara el informe a su jefe saldría a dar un paseo y a comprar algunos discos nuevos. Estaba un poco oxidada en cuanto a novedades musicales y era hora de ponerse al día. Seguro que se estaba perdiendo cosas interesantes. Después iría a recoger a su hija al colegio y al volver a casa escucharían juntas sus nuevas adquisiciones. Y eso sería sólo el principio.

Foto y ©: Saxbald Photography


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14 Comentarios

  • 1. Marisa  |  15 abril 2015 - 16:44

    Que bonito… me ha encantado…describes situaciones de una forma que me hace sentir muy identificada. Gracias!!!

  • 2. sandrawriting  |  15 abril 2015 - 22:14

    ¡Gracias a ti, Marisa! Me alegra mucho que te guste : )

  • 3. Arette Brenes  |  15 abril 2015 - 23:44

    Me encantó!!!

    Me identifique tanto, la Musica es parte de mi dia a dia, me mantiene en movimiento y me da felicidad!!

    Besos querida!

  • 4. sandrawriting  |  16 abril 2015 - 13:25

    ¡Gracias! Me pasa lo mismo, Arette, imposible vivir sin música. Ya lo decía Lennon, somos la música que escuchamos. Besos de vuelta : )

  • 5. Griss Velazquez  |  16 abril 2015 - 02:31

    Me encantan tus historias!!!

  • 6. sandrawriting  |  16 abril 2015 - 13:25

    Me encanta que te encanten. ¡Mil gracias, Griss!

  • 7. Caro  |  16 abril 2015 - 13:09

    Precioso!! Una banda sonosra inmejorable.

  • 8. sandrawriting  |  16 abril 2015 - 13:25

    ¡Gracias, Caro! Springsteen ahí, dándolo todo. Esa canción es preciosa! : )

  • 9. Patri  |  16 abril 2015 - 17:28

    Precioso, como siempre. Enganchada a tu blog.

  • 10. sandrawriting  |  16 abril 2015 - 20:40

    Un honor, Patri, encantada de que te guste, ¡gracias!

  • 11. Susana  |  16 abril 2015 - 17:57

    Me encantó aveces la vida cotidiana nos tiene mal con toda su monotonia pero hay un momento de nuestras vidas que puede cambiar

  • 12. sandrawriting  |  16 abril 2015 - 20:41

    Totalmente de acuerdo, siempre hay cierta (mayor o menor) capacidad de elegir y cambiar. Gracias, Susana : )

  • 13. Erre  |  19 abril 2015 - 12:41

    Me gusta cómo recreas lo cotidiano, y de ahí extraes ese hilo aparentemente inocuo, ese acontecimiento pequeño que puede acabar ocasionando grandes cambios. Mi enhorabuena.

  • 14. sandrawriting  |  20 abril 2015 - 16:30

    Aquello del “efecto mariposa”, ¿verdad? Cómo un pequeño detalle puede traer grandes consecuencias. Me alegra que te guste, muchas gracias.

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