Twist and shot » La penúltima estación

13 marzo 2015

La penúltima estación

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Listen while you look…

Nunca sabes dónde puede aparecer el amor de tu vida. Ni siquiera sabes si existe un “amor de tu vida”. Pero Cristina tenía fe ciega en que sí, en que el suyo existía y estaba respirando y moviéndose libremente por ahí, quizá con la inquietud de saber que ella le buscaba.

Cristina le había puesto cuerpo y cara. Sí, así de claro lo tenía. En su mente era absolutamente real. Tanto, que casi hasta le pareció normal encontrarse con él en el metro una mañana camino del trabajo.

La cosa fue así. Cristina esperaba en el andén repleto de gente y cuando llegó el tren la puerta quedó justo frente a ella. Se abrió y de allí salió a toda prisa el tipo en cuestión (su nombre no lo sabía, no tenía todos los detalles). Ella se quedó allí plantada mirándole y alcanzó a decir un “hola” bajito, mientras él desaparecía de su vista y ella era empujada dentro del vagón por una muchedumbre humana malhumorada y muerta de sueño.

Las cinco paradas que tenía por delante hasta llegar al corazón financiero de la ciudad le dieron tiempo a reflexionar sobre lo que acababa de pasar.

1. Había visto al hombre de su vida.
2. No tenía duda, era él.
3. No, nadie le había echado ningún alucinógeno en el café esa mañana.
4. Ni siquiera había tomado café.
5. Era espectacular, le gustaba muchísimo.
6. Él no había reparado en ella…
7. … Pero había una barbaridad de gente y él iba con prisa, lo raro habría sido lo contrario.
8. Era espectacular, le gustaba muchísimo. (Ya, esto ya había pasado antes por su mente).
9. Bueno ¿y ahora qué?

Ahora, de momento, se bajaba en la próxima, porque se había pasado una parada y llegaría tarde al trabajo un día más. Esta vez no pondría excusas, daría los buenos días, se sentaría en su cubículo y empezaría a abrir emails, algo rutinario y banal para poder centrar la mente en lo importante. El chico del metro.

Vale, ya sabía lo que iba a hacer. Confiaba en que él realizara ese trayecto regularmente, con lo que al día siguiente ella estaría en el mismo andén un poco antes de esa misma hora y más tarde o más temprano lo encontraría. Y si no era ese día sería el siguiente y si no el otro…

Y fue el otro. Cristina esperaba cerca de las escaleras de salida que llegara el próximo tren; llegó, se abrieron las puertas y él apareció. Iba trajeadísimo y hablando por el móvil, sin duda tenía prisa y a Cris le costó lo suyo seguirle hasta la calle. El tipo empujó a varias personas a su paso sin importarle lo más mínimo y entró en una cafetería. Seguía hablando por el móvil y Cristina pudo oír parte de la conversación. Lo que escuchó no le gustó nada, el hombre de su vida estaba tratando a su interlocutor francamente mal, con un desprecio absoluto. Lo mismo hizo con el camarero, ser sumamente grosero y mostrar una suficiencia insoportable. Cristina era una chica bastante desequilibrada, como a estas alturas habréis observado, pero no podía con la altivez, menos aún con la falta de educación.

Tras dudar unos instantes, en los que su cerebro intentaba poner algo de orden en su interior, Cristina abandonó la cafetería hecha polvo. Acababa de decir adiós al que creía que era el hombre de su vida y él ni se había enterado. Sí, para colmo iba a llegar de nuevo tarde al trabajo. Esta vez diría que su tren había llegado con retraso, lo mismo hasta era cierto.

Durante ese día no habló con nadie, supo que había llegado a un punto de inflexión en su vida y que tenía que empezar a ser más realista. Ahora cada mañana desayuna en casa, eso de salir sin tomar ni un café no cree que sea bueno para nada, compra el periódico o alguna revista en el quiosco de la estación y se concentra en la lectura mientras llega su tren. A veces hasta deja pasar alguno. Pero eso ya no le importa.

Foto y ©: MoRiza


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3 Comentarios

  • 1. Caro  |  13 marzo 2015 - 11:46

    Un poco desequilibrada está pero, si se pierde la ilusión ¿Qué nos queda? Buen finde!!

    http://basadoenhechos.blogspot.com.es

  • 2. sandrawriting  |  13 marzo 2015 - 12:07

    Poco o nada, Caro ; ) Buen finde!

  • 3. Cristina  |  20 marzo 2015 - 17:58

    Pues yo la entiendo… Es más, creo que comparto con la chica de este relato algo mas que el nombre. Me siento identificada, en parte. Yo no creo que esté desequilibrada, es una soñadora nata! Nunca hay que perder la esperanza ni la ilusión!

    Un abrazo!

    http://www.vivesimpleriemas.wordpress.com

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