Twist and shot » El abrigo rojo

26 marzo 2013

El abrigo rojo

Sandrafoto baja

Listen while you look…

La fragilidad de sus dedos al pasar las páginas de los libros de texto, su mirada limpia, gesto delicado y movimientos pausados no pasaban desapercibidos para los alumnos de una clase que sufría una dictadura de teléfonos inteligentes. Ella intentaba apaciguar a los más rebeldes con su sonrisa entrecortada, no le gustaban los conflictos y se centraba en los que atendían siempre, eternamente perplejos ante sus explicaciones… como si de un amor platónico se tratase. A ella le producía un tremendo bienestar su trabajo, le daba paz, se sentía útil… valorada por ella misma, pues creía estar haciendo un buen trabajo en aquella aula hacinada.

Lo que no llevaba tan bien eran los madrugones obligados… y lo eran. Cada vez que el reloj marcaba las siete de la mañana sus ojeras se abrían lentamente, irónicas al escuchar los sonidos de su radiodespertador. Transcurridos unos instantes su sonrisa le ayudaba a recordar lo sucedido en la mayoría de sus tardes, a veces noches… ya caducadas en cualquier caso. Sus ojos sonríen, comienza su día.

Son las cinco de la tarde y el resto no llega, ella espera apoyada en la puerta del garaje a pesar de tener llaves. Se burlaba de la lluvia gracias a la pequeña cornisa que coronaba aquella puerta negra que deseaba atravesar como la mayoría de los días… apoyada, otra sonrisa transformaba su cara. A veces recordaba detalles, otras imaginaba momentos. No le importaba que fuesen tan impuntuales… eran cuatro y muy difícil que todos llegasen a su hora. Estaba acostumbrada y además, no podía evitar llegar con ciertos minutos de antelación, esos en los que ella se recreaba…

Por fin llega Javi y le saluda como de costumbre, su antiguo noviazgo no ha provocado grieta alguna en su ahora sólida amistad. Charlan sobre el día anterior, de errores, de risas, de ellos… no pasa nada. De repente empiezan a reír sin control al comprobar cómo los dos que faltaban llegaban empapados. Por lo menos hoy se han dado una ducha, pensó. Los saludos no abrieron la puerta negra, pero dieron paso a más risas y comentarios referentes al día anterior, alguno seguía mojándose, pero no se daba ni cuenta. Puerta todavía cerrada. Ella seguía la conversación, pero sus ojos escaneaban los gestos de sus amigos, algunos de ellos rutinarios, otros casi obsesivos… la conversación continuaba. Mientras uno de ellos apuraba su cigarro le hizo un comentario sobre su nuevo abrigo rojo sonriendo con maldad. Le hacía tan inocente, tan delicada… risas.

La puntera de la bota de uno de ellos termina de apagar el filtro consumido del cigarro y, como si de una coreografía se tratase, las llaves aparecieron en su mano y le guiñó el ojo mientras abría la puerta. Entraron, como siempre, callados. Callada también ella, su gesto empezó a endurecerse mientras se deshacía de su nuevo abrigo rojo. Cada uno de ellos comienza a ocupar su puesto habitual. Ahora ella es quien enciende un cigarro y lo deja en sus labios, su rostro ya no es el mismo que esperaba tranquilo en la puerta negra. Inspira profundo consumiendo la nicotina y retuerce su cuello mirando hacia atrás expulsando el humo con rabia por la nariz, como un toro de dibujos animados. Ojos afilados desafiando a cada uno de ellos, por un instante el silencio detiene el tiempo… Se da la vuelta murmurando y los primeros acordes de guitarra empiezan a sonar… Se lleva el micro a la boca y se transforma definitivamente.

Escupe al micro… es otra, es libre, es ella.

Foto: Sandra Sánchez
Relato: Sergio de Luz


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1 comentario

  • 1. Marisa  |  2 abril 2013 - 14:15

    Sorprendida, esta vez me has sorprendido, esa no era la historia, la puerta era claramente la de una casita de pueblo… el abrigo rojo es el de una chica que no ha roto nunca las normas familiares, que tiene una vida encorsetada en su familia, y cuya única transgresión es lucir ese abrijo rojo…

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