25
Ago

Cerrar los bares

John-Towner

Listen while you look…

Noches infinitas, ventanas abiertas, s√°banas a las que las arrugas les sientan bien. Martina no piensa nunca en qu√© puede pasar, no tiene tiempo ni ganas. Su edad, as√≠ como sus experiencias le dan bula para vivir √ļnica e intensamente el presente; el pasado queda muy atr√°s y aunque no le gusta recordarlo sabe que no quiere repetirlo. En cuanto al futuro, no es de nadie, eso tambi√©n lo sabe.

Lo √ļnico que tiene es el aqu√≠ y el ahora. Y por eso dijo s√≠ a una noche que se presentaba √ļnica y muy loca. Todo estaba a favor: el calor del verano, que a esas horas era acogedor, pero no agobiante; las calles casi vac√≠as de la gran ciudad, el suelo empedrado que invitaba a quitarse las sandalias y a llevarlas en la mano… Y esa moneda brillante que las dos √ļnicas personas que caminaban a esas horas por la avenida vieron e intentaron coger al mismo tiempo. Ninguno de los dos tuvo suerte, sus cabezas chocaron muy levemente al tratar de agarrarla y la moneda termin√≥ cayendo por la alcantarilla sobre la que a duras penas se hab√≠a mantenido en equilibrio hasta ese momento.

Bueno, no es justo decir que no tuvieron suerte, porque se encontraron. Esa moneda plateada fue la mejor de las excusas para echarse unas risas y para seguir caminando, ahora ya acompa√Īados.

Nadie hab√≠a previsto nada, ella volv√≠a de una cena en la que hab√≠a puesto bastantes expectativas que no se hab√≠an cumplido, ten√≠a el √°nimo un poco desinflado, pero s√≥lo un poco. √Čl trabajaba en agosto y hab√≠a salido tarde de la oficina, ese d√≠a hab√≠a tenido una videoconferencia con el otro lado del oc√©ano y hubo que esperar a que all√≠ fuera una hora decente, aun a costa de que aqu√≠ ya no lo fuera.

La moneda los conectó antes de morir en aquella alcantarilla, fue una moneda de la suerte, no hizo falta fuente a la que tirarla, ella solita hizo su labor y luego desapareció sin hacer ruido.

Ninguno de los dos se acordaba ya de la moneda, as√≠ de desagradecidos somos, cuando llegaron al piso de Martina, una buhardilla que estaba muy cerca de all√≠. Antes hab√≠an cerrado el √ļltimo bar del barrio. Antonio les hab√≠a dejado entrar a tomarse unos vinos mientras √©l terminaba de recoger; es lo bueno de seguir viviendo en la misma zona de siempre.

No vamos a dar detalles de c√≥mo fueron las cosas entre ellos, s√≥lo diremos que certificaron que las mejores noches son las que no se planean. Las risas s√≥lo pararon de o√≠rse cuando cayeron dormidos como troncos. Ni los fuegos artificiales propios de las noches de verano habr√≠an logrado despertarlos de aquel sue√Īo tan profundo. De hecho ella no lo hizo, despertarse, hasta el amanecer, cuando la brisa fresca que entraba por la ventana, abierta de par en par, le indic√≥ que era hora de echarse una s√°bana por encima. O hasta una colcha.

Antes de abrir los ojos palpó el lado izquierdo de la cama esperando encontrarle. Al no hacerlo abrió los ojos, que le confirmaron que, efectivamente, no estaba allí.

Se tapó hasta el cuello, después escondió su cabeza bajo la almohada y pensó una vez más que sólo tenemos el presente y que el suyo ahora era de nuevo la soledad. Lo de hace apenas unos minutos, unas horas, pertenecía ya al pasado y por lo tanto no existía. El futuro seguía estando en blanco. Justo entonces sonó el timbre de la puerta y salió corriendo a abrir.

Foto y ©: John Towner



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10
Ago

Rock and smoke

VictorAbrantes

Listen while you look…

Con relativa frecuencia me suceden cosas que cuando las cuento mis amigos me dicen “eso parece un relato de los de tu blog”. Y me siento tentada de escribirlas tal cual. Pero no. Porque esto es un espacio para la ficci√≥n, aunque he comprobado que la realidad en muchas ocasiones la supera.

Toda la vida me han pasado, no s√© por qu√©, an√©cdotas medio irreales, dif√≠ciles de creer incluso para m√≠ misma. Tambi√©n he hecho a veces el rid√≠culo en p√ļblico, lo que para una t√≠mida aguda es el colmo de los colmos. ¬ŅNo os ha pasado que alguien en concreto, una misma persona, os pilla siempre en situaciones rid√≠culas, sin que estas situaciones se den en vuestra vida con mucha asiduidad? A m√≠ s√≠.

Tengo un nuevo vecino, el hombre m√°s interesante del edificio, el √ļnico interesante seguramente, que en los √ļltimos d√≠as me ha encontrado:

a) Saltando una valla altísima en la que había un cartel de prohibido pasar.
b) Empujando un coche que no quería arrancar.
c) Practicando yoga junto a la piscina, creyendo estar sola.
d) Cantando a grito pelado con las ventanillas bajadas del coche en el garaje, también creyendo estar sola.
e) Parada en la calle en mitad de la noche mirando a la luna.

S√≠, todas las anteriores sentencias son ciertas y no son las √ļnicas.

Lo m√°s curioso es que a √©l todo esto le parece de lo m√°s normal. Al menos act√ļa como si se lo pareciera. Siempre aparece de forma silenciosa, me sonr√≠e con una especie de complicidad que no logro descifrar del todo, hace un peque√Īo gesto de saludo con la cabeza y sigue su camino. Creo que piensa que estoy un poco loca, pero que no le parece mal, aunque ya digo que no estoy segura de qu√© pasa por su mente.

Tambi√©n me ha visto en circunstancias m√°s cotidianas. No s√©, comprando el pan o haciendo unos largos. En estos casos yo intento parecer s√ļper natural, para compensar y consigo el efecto contrario, tirando al suelo las monedas del cambio en la panader√≠a o choc√°ndome con el bordillo de la piscina. √Čl sonr√≠e y como siempre, desaparece.

El otro d√≠a por primera vez hablamos. Me cont√≥ que era m√ļsico y que sab√≠a que me gustaba la m√ļsica porque me hab√≠a o√≠do cantar varias veces al aparcar el coche y desde la ventana, cuando ambos las tenemos abiertas. Ay, madre, pens√© yo. Ya la he liado otra vez.

Esperando cualquier cosa y sabiendo que no ocurrir√≠a nada de lo que pensara, sino todo lo contrario, me propuse relajarme y escuchar. Quer√≠a invitarme a su pr√≥ximo concierto, que tendr√≠a lugar ese fin de semana en una peque√Īa sala del centro de la ciudad. S√≠, claro, asistir√≠a encantada.

La noche de ese s√°bado de verano se presentaba emocionante por momentos, un cosquilleo difuso me lo indicaba en el est√≥mago mientras me dirig√≠a al local. Entr√© y volv√≠ a salir, creyendo haberme equivocado, porque era la hora programada y el sitio estaba abierto, pero vac√≠o. Comprob√© que la direcci√≥n era correcta y de nuevo entr√©. De la nada apareci√≥ √©l sobre el escenario con un aspecto totalmente desconocido para m√≠. Sombrero, pa√Īuelo largo, chaqueta negra…

No s√© cu√°nto tiempo pas√© escuchando sus canciones magn√©ticas, con letras basadas en situaciones que yo reconoc√≠a perfectamente porque las hab√≠a protagonizado y m√ļsica que se acoplaba a ellas como un guante de goma. Empec√© a montarme mi pel√≠cula. Aquella iba a ser mi noche, no hab√≠a ninguna duda. Ser√≠a el principio de algo, lo contar√≠a y nadie me creer√≠a, me dir√≠an que era una de mis historias para el blog, pero yo sabr√≠a que hab√≠a ocurrido en realidad. Sin embargo el concierto termin√≥, las luces del local se encendieron. Y el m√ļsico se hizo humo.

Foto y ©: Víctor Abrantes



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2
Ago

Lo imprevisto

Clem-Onojeghuo

Listen while you look…

Me gustan esas historias que sabes cómo empiezan pero no cómo terminan. Saltar al vacío y ver qué pasa. Es arriesgado, pero en el camino te llevas un subidón de emociones impagable.

Berta no es como yo, ella es una chica seria y juiciosa. Le gusta tener las cosas bajo control, no llevarse sustos, dirigir su vida y conocer de antemano el destino al que se dirige, no perderlo nunca de vista.

A ella, como a la mayor√≠a de las personas, la seguridad le proporciona felicidad, ambas cosas van unidas, de la mano. La estabilidad emocional la protege y le hace sentir muy bien. ¬ŅPara qu√© querr√° salir la gente de su zona de confort, con lo que cuesta llegar a ella?, piensa a veces.

Este verano comenzaba sus vacaciones a finales de julio. Por supuesto, todo estaba planeado al milímetro. Viaje en coche al norte, parada a medio camino en Burgos para conocer la ciudad y disfrutar de la sensación de taparse con mantita por las noches, y seguir conduciendo hasta el Cantábrico, donde pasar unos días en un hotel que acababa de abrir, de cara al mar.

Todo sali√≥ mal. En Burgos hac√≠a calor. El viento de √Āfrica hab√≠a llegado hasta la ciudad y era noticia en los medios locales, nunca que se recordara se hab√≠an alcanzado temperaturas tan altas. Tras una noche sin manta y con luna Berta sigui√≥ su viaje y antes de llegar a Santander su coche dijo hasta aqu√≠. Viajaba sola, la zona no ten√≠a cobertura y s√≥lo pudo contar con que alg√ļn otro conductor decidiera parar en plena autov√≠a para echarle una mano. Uno lo hizo. Sab√≠a de mec√°nica, pero no tanto como para arreglar su motor all√≠ mismo.

Contrariamente a lo que hubiera hecho en circunstancias normales Berta subi√≥ al coche de √©l y se dej√≥ llevar hasta su pueblito, dos desv√≠os m√°s adelante. All√≠ acudieron a un peque√Īo taller que enviar√≠a una gr√ļa a buscar su veh√≠culo abandonado a su suerte y lo reparar√≠a, aunque tardar√≠a d√≠as en estar listo.

Berta estaba nerviosa, las cosas no iban seg√ļn su plan. No hubo vacaciones frente a la playa, no hubo paseos buc√≥licos ni atardeceres rojos, no hubo lecturas a solas ni rumor de olas, ni brisa marina.

S√≠ hubo a cambio una casa rural en pleno campo, el trino de los p√°jaros por la ma√Īana, el verde esplendoroso de la dehesa rode√°ndola por la tarde, el naranja absoluto al finalizar el d√≠a, antes de llegar el negro de la noche, con tantas estrellas como nunca habr√≠a podido imaginar contemplar. La pureza de la naturaleza la embriag√≥ por completo, as√≠ como su nueva compa√Ī√≠a. Y Berta por primera vez en su vida se dej√≥ embriagar.

Ahora no sabía cuándo volvería a Madrid. Tampoco quería pararse a pensarlo. Sólo tenía claro que en realidad nada salió mal. Simplemente todo sucedió de forma diferente a lo previsto. Y resultó ser muchísimo mejor.

Foto y ©: Clem Onojeghuo



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