Twist and shot

16 abril 2021

El poder oculto

Conocía bien sus canciones, su letra y su música. Eso es lo mismo que decir que podía caminar por su alma sin perderse, por muy laberíntica que fuera.

Sol tenía una capacidad innata, un don que ella ocultaba, sabedora de su poder y era el poder adentrarse en el universo más recóndito de las personas y de hacerlo sin que se notara, simplemente a través de la observación.

Descubrió así a mucha gente maravillosa, con un alma blanca, pura, apenas manchada por las circunstancias de la vida. También a otra que era todo lo contrario, oscura, en la que no había claridad alguna y sí mucha maldad. De estas últimas personas huía automáticamente. Bastante problemas tenemos todos ya como para juntarnos con tipos y tipas que nos van a causar muchos más. No les daba la oportunidad de mostrar su mejor cara, la que maquillaban para engañar al mundo. Ella sabía de antemano lo que había tras ese maquillaje y no le gustaba, porque no era bueno.

Así, presumía de tener los mejores amigos y la pareja más fabulosa que alguien tuviera la suerte de encontrar. Ni ellos ni ella se fallaban jamás. Eran un apoyo constante y la duda sencillamente no existía, por lo que la confianza era total. Qué felicidad y qué tranquilidad le proporcionaba eso.

Un día le presentaron a una chica. Su mera presencia le sorprendió y la dejó boquiabierta, casi de forma literal. No era ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, no tenía en realidad ningún rasgo destacable. Pero aun así era imposible no sentirse atraído por ella. Sería eso que llaman personalidad, ella lo consideró magnetismo.

El imán funcionó al instante y se hicieron las mejores amigas. Acostumbrada a no sospechar de sus conocidos, se relajó, como siempre hacía al abrir la puerta de su vida. Y se equivocó.

No supo, hasta que fue tarde, que su nueva amiga en realidad no era tal cosa. Más bien al contrario, tenía su mismo don, pero neutralizaba su efecto sobre ella misma y lo empleaba al revés; buscaba a esas personas de alma blanca y les chupaba la energía, se alimentaba de su bondad para luego dejarlas vacías, tiradas. Y contra alguien que ostentaba su mismo poder y lo empleaba con maldad, no pudo luchar desde la inocencia y por una vez, perdió.

Foto: Ashley Bean


Etiquetas: , , , , , ,

Deja tu comentarioEnviado por: Sandra Sánchez

7 abril 2021

El día del revés

“El invierno está en mi cabeza, pero la eterna primavera está en mi corazón”. Elena cierra el libro que estaba leyendo y lo deja con cuidado a su lado, sobre el césped del jardín, plagado de flores amarillas. La cita de Víctor Hugo era suficientemente potente como para mantenerla en el cerebro durante un buen rato y deleitarse en ella en exclusiva.

Siempre ha amado la primavera, desde que era una niña. Y ha seguido haciéndolo años después, a pesar de que la alergia se lo puso difícil. Desde el principio de su madurez, los meses de abril y mayo habían sido un quebradero de cabeza por los estornudos, los picores, las molestias en la garganta… y también por el ánimo, que a pesar del esplendor y de la luz radiante, le bajaba un poco hasta aclimatarse a la nueva estación y hacerse con ella.

Elena s adicta a las predicciones meteorológicas. Enciende la tele cuando sabe que es la hora en la que los informativos hablan del tiempo y va haciendo zapping de un canal a otro para tener un conocimiento más global de las temperaturas que vendrán. Le gusta ver las nubes y claros dibujadas en los mapas, los iconos de las marejadas en la costa y los de las tormentas en cualquier lugar.

Conoce los nombres de los distintos tipos de vientos, sabe lo que es un anticiclón y disfruta comprobando que la inmensa mayoría de las predicciones de los meteorólogos se cumplen casi al minuto. Por supuesto, también tiene varias aplicaciones en su móvil que le indican si en un par de horas podrá salir a la calle sin chaqueta o si por el contrario tendría que llevarse un chubasquero para la cita que tiene esa tarde.

Se trata de un encuentro romántico. Una reunión postergada durante años que por fin hoy mismo tendrá lugar en un céntrico parque de la ciudad. Elena se prueba mil y un vestidos de flores, para ir con el dress code perfecto, siempre se ha fijado mucho en estas cosas. Finalmente, no le convence ninguno y opta por algo también informal y cómodo, un total look vaquero. Se mira al espejo, se recoge el pelo, se lo vuelve a soltar. Ya lo tiene todo claro, va a ser un éxito y volverá a casa más feliz de lo que saldrá, tiene ese pálpito. Tan nerviosa está que coge su bolso y sale escaleras abajo a toda velocidad sin comprobar la previsión del tiempo. Ni siquiera echa una mirada rápida al cielo y no ve que se acercan amenazadoras unas nubes grises cargadas de lluvia. La tormenta eléctrica se desata antes de llegar al parque, que el alcalde, él sí conocedor de lo que se avecinaba, había cerrado hacía unas horas.

Elena se sorprende por su torpeza, después se agobia. Luego intenta enviar un mensaje a su cita para encontrarse en algún otro lugar, a resguardo de la lluvia. Pero cuando está escribiendo el whatsapp piensa que no. Que su amiga primavera ha decidido por ella. Y que por algo será. Empapada, echa a andar despacio bajo el aguacero, de vuelta a casa.

Foto: Wes Hicks


Etiquetas: , , , , , , , , ,

1 comentarioEnviado por: Sandra Sánchez

25 marzo 2021

Cajas de cartón

Me mudo. Con estas dos palabras, ponía fin a una relación larga, de más de cuatro años. No con una pareja, sino con sus compañeros de piso. La pandemia en general y el confinamiento en particular habían sido demoledores. Algunos días no salía ni siquiera de su habitación, no era capaz de soportar la compañía de los que en otro tiempo nada lejano había considerado sus amigos.

Ellos recibieron la noticia de su marcha casi con alivio. Pusieron cara de póker, alguno disimuló preguntando el porqué, pero para todos era la crónica de un adiós anunciado. La convivencia casi nunca es fácil, especialmente si es con tres personas más en un piso de 70 metros cuadrados y a tiempo completo.

Regresó a su cuarto y empezó a empaquetarlo todo. Se había hecho con unas cuantas cajas de cartón en el chino de abajo de su casa y ahora tocaba abrirlas y llenarlas para desempaquetarlas más adelante en un destino aún incierto.

La ropa la organizó rápidamente, solo dejó en el armario la que se pondría el día siguiente, cuando dejara la casa. También guardó toallas, sábanas y demás enseres de aseo y cuidado personal en tiempo récord. Luego llegaron sus carpetas, sus discos, sus libros. Eso le llevó más tiempo, pues no pudo evitar ir revisándolos casi uno a uno.

Al llegar a una de las novelas que conservaba recordó que se la había regalado su madre, hace… no sabría decir cuántos años. La acarició evocando tiempos mejores, más pacíficos e inocentes al menos. No fue capaz de recordar el argumento de aquel libro, pero sí sabía con certeza que le había encantado en su momento, cuando lo leyó. Reparó en que en una de sus páginas había un señalador, un post it de color amarillo sobresalía. Lo abrió por esa página y vio una línea subrayada. Apenas cuatro palabras. “Perderse también es camino”.

Dejó pasar el tiempo leyendo esa frase una y otra vez. Y pensó que le acompañaría en esta nueva etapa de su vida, en la que el destino sería más incierto que nunca. No tenía un rumbo fijo, en ese instante estaba sentado en el suelo de una habitación que ya no consideraba suya, en una casa a la que no pertenecía y rodeado de cajas de cartón que contenían pedazos sueltos de su vida.

Se sentía perdido sí, porque lo estaba. Pero entendió que era parte del camino. Y eso le ayudó a continuar.

Foto: Kinga Cichewicz


Etiquetas: , , , , , , ,

Deja tu comentarioEnviado por: Sandra Sánchez

Post Anterior