Twist and shot

4 junio 2018

Amar Florencia

“Las cosas más perfectas, las más bellas, son también las más susceptibles de inspirar tanto amor como desprecio”. Mientras Alejandra miraba sin mirar el escaparate de la agencia de viajes recordó, sin saber por qué, esa frase. La había escrito Dante Alighieri, florentino ilustre donde los haya y a ella le había impactado siempre. Creía no llegar a entender del todo su significado, pensaba que la reflexión de Dante le quedaba un poco grande, pero ahora sí, ahora la comprendía a la perfección.

Frente a ella, en el cristal de la agencia, veía todo tipo de carteles con fotos típicas de ciudades típicas. Roma, París, Tenerife, La Habana. Se acercaba el verano y los más rezagados tenían ante sí una variada oferta para hacerse con su dosis anual de turismo. Ofertas de última hora, dos por uno, niños gratis… Un sinfín de facilidades para pagar el tiempo libre en cómodos plazos.

Alejandra no sabía por qué estaba mirando aquel escaparate, pero allí estaba. De pronto vio una foto de Florencia. Una imagen de su Ponte Vecchio que hizo que sus manos empezaran a temblar. Porque aquella foto mal impresa, con los colores desvaídos, conectó de forma inmediata algo muy dentro de ella.

En Florencia, frente al Ponte Vecchio, viendo atardecer, con los pies colgando sobre el Arno ella fue feliz. Tanto como nunca imaginó que se pudiera llegar a ser. Tanto que fue consciente de serlo, pues no le cabía la emoción en su pecho y tuvo que hacer algo con ella. Gritar. Gritar de felicidad frente al río, mientras su acompañante, el causante de tanta felicidad, se reía a carcajadas y la animaba a gritar aún más fuerte. Solo rememorar aquella tarde le produce auténtico vértigo.

Se apoya con las yemas de dos dedos en el cristal, cuidadosa de no dejar huella ni mancha sobre él, y cierra los ojos, para no pensar más en Florencia. Porque si no la ve es como si no existiera. Al menos así lo creía cuando de pequeña cerraba muy fuerte los ojos de noche para ahuyentar a los monstruos que con seguridad se escondían bajo su cama, al acecho.

Poco a poco se sintió más relajada, sus pulsaciones, minutos antes disparadas, recuperaron unos parámetros normales y pudo hasta abrir los ojos y contemplar de nuevo el atardecer florentino antes de echar a andar rumbo a su casa.

Al día siguiente pasó de nuevo por la puerta de la agencia. Lo hacía en realidad de lunes a viernes, ya que estaba a mitad de camino entre el trabajo y su casa. El viernes ya fue capaz de mirar detenidamente la oferta de Florencia sin sentir que se quedaba sin aliento.

“Vuelo + hotel a Florencia. 3 días, 2 noches. Desde 480 euros. Reserva ahora y enamórate en la ciudad de Dante”.

El lunes siguiente Alejandra entró en la agencia. El hombre que estaba tras el escaparate la esperaba, pues la había estado observando desde hacía días. Le buscó un vuelo y un alojamiento para el primer fin de semana del verano. “¿Quieres la oferta 2 por 1?”, preguntó. “¿No hay oferta 1 por 1?”, contestó ella. Y él no supo qué decir.

El último día de primavera llovía con fuerza en Madrid, como había estado haciendo durante toda la estación. Alejandra escuchaba las gotas de lluvia estrellarse contra su ventana mientras preparaba su maleta y ordenaba en ella sus prendas minuciosamente, como siempre hacía.

En Florencia no le esperaba nadie. Quien viajó hasta allí con ella por primera vez le hizo comprender, hace ya tiempo, la enigmática y dolorosa frase de Dante. Pero todo eso estaba olvidado. Ahora volvía a la Toscana sola, estaba por fin preparada para hacerlo. Y el primer día del verano, en el asiento B 12 del avión de Alitalia que despegaba de Barajas, le invadió una ilusión. Era difusa, pero muy poderosa.

En unas horas estaría en Florencia y allí todo era posible, hasta ser feliz de nuevo. Dante dejó escritos muchos pensamientos y frases maravillosas. Alejandra recordó, no sabía por qué, una de ellas, “el amor insiste”.

Foto y ©: Tord Sollie


Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

4 ComentariosEnviado por: Sandra Sánchez

21 mayo 2018

El extraño caso del asteroide BZ509

Hace unas horas, a media mañana, mientras comía una triste ensalada frente al ordenador del trabajo, cayó sobre mi pantalla un artículo fascinante. Trataba de un asteroide, como el de El Principito. Este se llamaba BZ509 y se había descubierto hace muy poco, en 2015. El asteroide BZ509 es sin embargo, un asteroide maduro, hecho y derecho, con solera. Se calcula que lleva orbitando por ahí desde hace 4.500 millones de años, como mínimo. No lo digo yo, lo dicen los científicos. El asunto es que estamos ante un misterio inquietante. Y es que este asteroide viaja en sentido contrario a los demás. A todos los demás. Va formando una elipse alrededor de Júpiter en sentido contrario a los 6.000 asteroides con los que comparte su órbita. Y sin embargo no ha chocado con ninguno y parece muy poco probable que lo haga en el futuro. Es un kamikaze sin suerte, un asteroide que va por libre, un bala perdida de espacio.

Cómo no identificarse con él. Este ha sido mi primer pensamiento al leer su historia. Mucha gente en Twitter estaba compartiendo la noticia esta tarde, casi todos los tuiteros haciendo chistes sobre él, algo que me ha sorprendido, la verdad. Yo me he puesto en su piel. Bueno en su materia, sea esta la que sea, rocosa o metálica. Y se me han ocurrido un montón de ideas, todas ellas por supuesto imposibles.

A saber, el asteroide podría querer ver qué pasaba si elegía ser distinto. Un sistema solar donde todos los asteroides y hasta los planetas orbitan en el mismo sentido, el contrario de las agujas del reloj, tiene que ser muy aburrido, debe de acabar con la paciencia de cualquiera que desee sentirse un poco libre. El BZ509 quería probar algo nuevo, dar un giro a su vida, nunca mejor dicho. Y eso le ha llevado a ser un incomprendido, un bicho raro, alguien digno de análisis incluso por los científicos de la Tierra, que necesitan encontrarle explicación a todo.

Otra posibilidad imposible, que el asteroide buscara a alguien. ¿Y cómo lo iba a encontrar si daba vueltas siempre en el mismo sentido y al mismo ritmo que los demás? Su amigo podría ir justo detrás de él y serían como una pescadilla que se muerde la cola. Una búsqueda infinita.

Una tercera idea, el BZ509 no quiere vivir más y ha decidido suicidarse. Orbita a toda velocidad en un intento desesperado por colisionar con alguien y estallar en millones de pedazos. 4.500 años dan para mucho y él ya ha visto suficiente, no tiene esperanza en el espacio. Pero ni por esas tiene suerte…

La solución al misterio ha sido hallada. La han encontrado un equipo de astrónomos del planeta Tierra. Resulta que el BZ509 es un extranjero a nivel espacial. Viene de muy lejos y no se adapta a las costumbres de nuestro sistema solar. Su universo es otro. Pertenece a un sistema distinto y fue capturado por la potente fuerza de la gravedad de Júpiter, que lo arrastró hasta su órbita. Su única manera de mantener su personalidad, su esencia, de diferenciarse del resto, es moverse en sentido contrario. Tenemos tanto que aprender los humanos del asteroide BZ509, pensaba yo este mediodía, mientras terminaba mi ensalada.

Foto: Javier Allegue.


Etiquetas: , , , , , ,

4 ComentariosEnviado por: Sandra Sánchez

14 mayo 2018

Estrellas desordenadas

En el sueño todo era oscuridad. Bueno, solo al principio; luego los ojos de la soñadora se acostumbraron a ella y pudo percibir los matices. Sobre su cabeza brillaban las estrellas, con una luminosidad tan intensa que las convertía en irreales, tanto que la soñadora pensó que estaba soñando. Fue solo un instante en el que casi estuvo a punto de despertar, que es lo que suele suceder cuando piensas que estás soñado, pero esta vez no fue así. Siguió contemplando el cielo, que se mostraba silencioso e inquietante, como a la espera de que algo pasara. De repente pasó. Una aurora boreal, de un verde eléctrico, se mostró desnuda frente a ella, como una ola sedosa que imaginó tocar. Ojalá poder hacerlo, internarse en la aurora, fundirse en ella y adquirir también esa suavidad y ese color sobrenatural, imposible.

La soñadora caminaba sobre algo semi líquido. Una superficie nunca antes pisada, al menos no por ella, pero por la que le resultaba agradable andar. Sus botas hacían un ruido levísimo al dar cada paso, un sonido relajante que casaba a la perfección en la atmósfera en la que se encontraba.

De repente, a lo lejos, le pareció que iba a empezar a amanecer. Un fulgor claro se abría paso en el horizonte, que hasta ese momento no estaba definido, e iba haciéndose cada vez más amplio, alrededor de una enorme bola roja, que debía de ser el sol. A partir de ahí todo empezó a pasar muy deprisa, amaneció, el sol alcanzó altura como en un time lapse, a cámara rápida, y de pronto lo tenía sobre ella, con un resplandor naranja tan potente que creyó que la iba a devorar y se cubrió la cara con las manos esperando que así sucediera.

Fue entonces cuando despertó. Al abrir los ojos volvió a ver las estrellas. Pero esta vez en seguida encontró la explicación. Estaba tumbada en su cama y en el techo de su habitación brillaban las estrellas fluorescentes que había pegado hace unos días. Le gustaba mirarlas cada noche antes de quedarse dormida. Tenía estrellas enormes, planetas pequeños, uno de ellos Saturno, sin duda, pues tenía anillos, un sol diminuto y una media luna espectacular. Porque aquí las escalas y el orden no importaban, no tenían por qué guardar ninguna relación con la realidad. Cada cuerpo celeste estaba puesto sin orden ni concierto, al libre albedrío. Y eso a ella le gustaba, le parecía un mapa bastante exacto del mundo en el que habitaba, de su mundo interior.

Encendió la luz y el brillo de sus estrellas se apagó al instante. Se duchó, puso su cafetera italiana al fuego y cuando el café estuvo listo se sirvió una taza y encendió el ordenador.

Tenía mucho trabajo pendiente. Lo que no era de una urgencia insoportable lo iba dejando hasta que lo fuera, por lo que al final siempre había algo de una urgencia insoportable y siempre tenía cosas que hacer.

Se puso a ello de forma mecánica y estuvo trabajando sin parar hasta el mediodía, cuando salió de casa para dirigirse al pequeño café en el que había quedado con una de sus mejores amigas. Pidió uno cargado mientras la esperaba y cuando lo hizo la abrazó y escuchó con atención lo que le contaba; los últimos progresos de su hija en la guardería, el enfado que había tenido con un compañero de trabajo, lo difícil que le resultaba últimamente encontrar tiempo para ella misma. La soñadora despierta sonreía, aconsejó a su amiga lo mejor que pudo sobre lo que le preocupaba y evitó en todo momento contar algo de sí misma.

El día había empezado bien. Estaba consiguiendo una vez más no mostrar su galaxia desordenada al mundo exterior. Porque con los años había aprendido que no todo el mundo comprende a las desordenadas, a las personas que normalmente no encajan. Y ella era así, una mujer soñadora con un único y raro objetivo, el que también tenía Frida Kahlo, llegar a alcanzar la tranquilidad de haber logrado ser lo más parecida posible a ella misma. Eso le parece más que suficiente, teniendo en cuenta que nuestro paso por el mundo es en realidad fugaz. Como las estrellas.

Foto y ©: Kaylah Otto


Etiquetas: , , , , , , , ,

4 ComentariosEnviado por: Sandra Sánchez

Post Anterior